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Películas con mucho arte

A la sombra de Margarit

12 abril, 2016 Comentarios (0) Visitas: 1400 Cine y Televisión, Letras

¿Tenía realmente Marilyn once dedos en los pies?

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El libro ilustrado, de María Herreros, salió a la venta en marzo

El libro de la ilustradora María Herreros salió a la venta el pasado 22 de marzo y recoge todos los entresijos de Hollywood

Alfred Hitchcock regaló a una pequeña Melanie Griffith una muñeca caracterizada como su madre, Tippi Hedren, en una estrecha caja de madera de pino. David Lynch diseccionaba, disecaba y volvía a “montar” peces y ratones. Woody Allen padece “archibutyrophobia”, miedo a morir ahogado si la manteca de cacahuete se le pega en la garganta. Charles Chaplin tenía fobia a la leche caliente. Stanley Kubrick pudo haber dirigido el «falso» alunizaje de Neil Armstrong. Una rinoplastia costó la fama a Jennifer Grey. La cienciología chantajea a John Travolta. Y Clara Bow combinaba el color de pelo de sus perros y sus palos de golf con el de sus rizos. Un total de 20 personajes del celuloide y sus descabelladas historias, a la altura de los mejores guiones cinematográficos, conforman el libro ilustrado Marilyn tenía once dedos en los pies y otras leyendas de Hollywood (Lunwerg Editores, 2016), de María Herreros (Valencia, 1983), a la venta desde el pasado 22 de marzo.

No es fácil llegar a Hollywood, ni tampoco quedarse y sobrevivir para contarlo. Al menos sin haber pasado antes por alguna clínica de desintoxicación o haber padecido depresión. Después de años recopilando las leyendas y rumores más singulares de los genios de la Meca del cine, ahora Herreros plasma sus averiguaciones a través del lápiz y el pincel. Excentricidades inverosímiles, fobias disparatadas, excesos inimaginables, bromas pesadas, escarceos amorosos y homosexualidades encubiertas, que se esconden bajo alfombras rojas y capas y capas de maquillaje, ocupan las 219 páginas de este libro. Y todo ello retratado por medio de reconocidos actores y directores de Hollywood como Cary Grant, Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick, Martin Scorsese, la familia Coppola, Marilyn Monroe o Charles Chaplin, entre muchos otros. Cuánto hay de verdad y cuánto de mito en cada uno de esos rumores tiene que decidirlo el lector.

Ya lo decía la protagonista de Con faldas y a lo loco: «En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma». La ilustradora valenciana recrea ese entorno superficial donde conviven los lujos y las drogas, las expectativas y las decepciones, los grandes triunfos y los fracasos más estrepitosos. Allí todo es efímero, menos los contratos de Hitchcock… En ese contexto de excesos y presión, Herreros realiza un inteligente análisis psicológico de actores y directores, muchos de ellos provenientes de familias desestructuradas, víctimas de abusos y violencia, tan ambiciosos como vulnerables, y que encuentran en el cine su particular refugio. De esta manera, nos topamos con cineastas que poseen personalidades complejas, intérpretes transformados en meras marcas comerciales y niños prodigio convertidos en juguetes rotos en manos de unos padres explotadores.

Alfred Hitchcock, David Lynch, Woody Allen, Wes Anderson, Martin Scorsese y Sergio Leone, entre otros, protagonizan las páginas del libro

Alfred Hitchcock, David Lynch, Woody Allen, Martin Scorsese y Sergio Leone, entre otros, protagonizan las páginas del libro

Más allá de su vida personal, Herreros también ahonda en el ejercicio profesional de estas víctimas y verdugos de la industria, influido inevitablemente por sus fuertes y, a menudo, disparatados caracteres. De sobra conocido es el episodio en el que Hitchcock, en pleno rodaje de Los pájaros, escondió carnaza en la ropa de Tippi Hedren y usó cuervos de verdad para que la picotearan. A pesar de que ningún otro artista manifestó la vena cruel del director de Psicosis hasta ese extremo, hubo otros igual de exigentes. Por ejemplo, Sergio Leone convenció a Clint Eastwood para que se enganchara al tabaco de verdad durante la grabación de la Trilogía del dólar y ahora es un fumador empedernido. Al Pacino, para experimentar de manera real las emociones de su personaje, exigió que le pegaran de verdad en el rodaje de El Padrino II. El lector, sabedor de estos descubrimientos, no volverá a percibir a estos personajes y sus obras de la misma manera.

Herreros no victimiza ni juzga. Solo refleja una industria cimentada sobre unos ideales de glamour y éxito ficticios, empleando para ello un lenguaje claro y directo. Se vale de una tipografía en mayúscula, que simula ser escrita a mano, con tachones incluidos. Juega con la negrita, el subrayado o el propio tamaño de letra, así como con colores llamativos, para destacar y enfatizar ciertos enunciados. El humor, por su parte, es imprescindible para implicar al lector en el relato. Así presenta al pequeño David Lynch, que «dibujaba ametralladoras automáticas, municiones y explosivos» hasta que fabricó una bomba casera y desde entonces «prometió comportarse”. De la misma manera, evidencia la hipocondríaca personalidad de Woody Allen, enumerando para ello su «claustrofobia, acrofobia, carcinofobia, cromofobia, enoclofobia, zoofobia…». Los dibujos, en su mayoría retratos de una belleza heterodoxa y extravagante, son fundamentales a la hora de agilizar la lectura y hacerla más visual y atractiva para el lector.

Así, Marilyn tenía once dedos en los pies y otras leyendas de Hollywood recrea de forma sublime la polvareda invisible que se eleva por encima de las estrellas del paseo de la fama. Desde Cary Grant a Macaulay Culkin, ese es el Hollywood que queda cuando gritan “¡Corten!”, cargado de grandes verdades y de legendarias mentiras. Las personalidades que Herreros escoge para retratar la realidad de la industria cinematográfica norteamericana ejemplifican con maestría el engranaje de una maquinaria ilusoria de la que todos son cómplices. Este relato presenta a los Mr. Hyde ocultos a menudo tras el Dr. Jekyll que la gran pantalla y los photocalls muestran. ¿Qué sería de la magia del cine sin estas suculentas historias? Los once dedos de Marilyn, como las conjeturas sobre su muerte, son precisamente misterios imposibles de resolver que consolidan ese halo de leyenda que acompaña a su nombre.

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