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10 mayo, 2020 Comentarios (0) Visitas: 242 Música

Syd Barret, el diamante loco que no volvió a brillar

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Pink Floyd en 1967 junto a uno de sus fundadores, Syd Barret
Pink Floyd (Nick Mason, Rick Wright, Roger Waters y Syd Barrett) en 1967// Foto de Michael Ochs//Getty Images
“Remember when you were young, you shone like the sun
Shine on you crazy diamond
Now there's a look in your eyes, like black holes in the sky
Shine on you crazy diamond”
***

Leyendas y rock. Rock y leyendas. Dos términos íntimamente relacionados. Y la gloria de ser recordado frente a un trágico accidente. Como Aquiles en la Guerra de Troya, en el Olimpo de jóvenes caídos en la música del último siglo, el imaginario colectivo vincula el Club de los 27. Janis Joplin, Kurt Cobain o Amy Winehouse son solo algunos de los músicos cuya trayectoria ha sido, a la par, breve e influyente para la música popular urbana.

Iconos con vidas tortuosas. Syd Barrett no falleció hasta el 2006, pero, en abril de 1968, Pink Floyd prescindió de él. Con tan solo 22 años y la carrera del conjunto musical empezando a florecer. La formación lo anunció en los medios de comunicación; mientras, al que había sido el líder de la banda de rock psicodélico le hicieron el más completo vacío. No ocurrió de la noche a la mañana sino gradualmente. Una hecatombe perfecta para este dios moderno.

En 1967, cuando la contracultura y el ácido lisérgico impregnaba la sociedad, Pink Floyd grababa en Abbey Road Studios -en el estudio contiguo The Beatles creaba el que sería su trabajo más trascendental, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band– el álbum de estudio debut de la banda británica. Barrett introdujo en The Piper at the Gates of Dawn un ritmo peculiar a las canciones, además de una destreza lírica y distorsiones de guitarra que captaron la atención de la crítica musical del momento. Pink Floyd encontró una identidad, gracias al joven, que marcaría a los británicos durante el resto de su carrera.

Disco ‘The Piper at the Gates of Dawn’ de Pink Floyd (1967)

El espíritu vanguardista y experimental del cantante le llevó a enamorarse en aquel Verano del Amor. Del LSD. Un apego que, lejos de ser un simple filtreo, era una relación tóxica. O una adicción. En ese mismo año, y agravándose en 1968, el gusto de Barrett por las drogas psicodélicas -y la creciente esquizofrenia que sufría con episodios psicóticos- desmejoró su estado mental. Alucinaciones durante conciertos en los que tocaba el mismo acorde en canciones, cambios de humor entre la alegría y agresividad o lapsos catatónicos. Las mismas fuerzas que llevaron al fundador de la banda a desarrollar artísticamente a Pink Floyd también le marcaron hacia la autodestrucción. El éxito frente al fracaso.

La formación encontró un punto de inflexión para seguir contando con la cabeza pensante del grupo. No querían renunciar a su creatividad, pero la dificultad de trabajar con el de Cambridge era excesivamente complicada. Con la intención de continuar como una banda de cinco integrantes -con un recién David Gilmour incorporado a Pink Floyd-, Barrett permanecería al timón del barco como compositor, trabajando desde casa. Idea que fracasó en pocos meses. De cinco pasaron a ser cuatro miembros y la banda comenzó a olvidarse de él. Los representantes no aceptaron la decisión de excluir al fundador, pero Pink Floyd estaba destinado a sonar en las radios y obtener títulos en una nueva etapa sin Syd Barrett.

En el segundo álbum de la banda, A Saucerful of Secrets, se editó el último single de Barrett en Pink Floyd. El estado agravante de este, atrapado en los excesos, es reflejado en la canción Jugband Blues como un grito de despedida del músico. «Ya no estoy aquí», expresaba la letra.

“It’s awfully considerate of you to think of me here
And I’m much obliged to you for making it clear
That I’m not here”
***

Tras el despido, el músico continuó una breve carrera musical en solitario en los setenta con trabajos como The Madcap Laughs o Barrett, pasando el resto de su vida lejos del foco mediático. Convertido en figura icónica, Barrett ha sido citado como influencia para intérpretes como David Bowie, John Frusciante (Red Hot Chili Peppers), Damon Albarn (Blur) y un largo etcétera. Pink Floyd tampoco olvidó al artista, presente cada vez que se subían al escenario y honrado en Shine on You Crazy Diamond– perteneciente al elepé​ Wish You Were Here.

La frase popular: «vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver» puede atribuirse a este antihéroe de Pink Floyd en tanto que pagó el precio máximo por la fama e inmortalidad artística, a la vez que su mente quedó atrapada en un agujero negro. Y el diamante loco no volvió a brillar.

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