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28 noviembre, 2015 Comentarios (0) Visitas: 2200 Cine y Televisión

‘Sinsajo – Parte 2’, el juego llega a su fin

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Jennifer Lawrence se mete por última vez en la piel de Katniss Everdeen

Jennifer Lawrence se mete por última vez en la piel de Katniss Everdeen

Ya lo avisaba el trío protagonista durante la promoción de Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 2 en Madrid. Esta era la película «más épica» de todas. Recientemente estrenada en España, la producción que cierra la franquicia, más adulta y oscura que sus predecesoras, cumple con lo prometido. La lucha, la acción, incluso el triángulo amoroso. Todo es más grande, más trascendental, más emocionante. Más, más, más. Los juegos por televisión parecen una niñería frente a la guerra real entre el pueblo oprimido y el Capitolio. Aunque eso no quita para que se televise y banalice por puro entretenimiento.

A pesar de tratarse de una trama distópica, es inevitable sentir cierto sentimiento de cercanía, de déjà vu, frente a lo que ocurre en pantalla durante los 137 minutos que dura la película. Sinsajo – Parte 2 plasma con acierto los temas de índole sociopolítico y las reflexiones en torno a la rebelión, la violencia y la manipulación informativa por parte de la autoridad. Las intervenciones televisivas del Presidente Snow no distan tanto de la de ciertos dirigentes políticos actuales. Por no hablar de que la violencia televisada está a la orden del día. El director Francis Lawrence (1971, Viena) sabe cómo provocar la empatía con los personajes, marionetas en manos de tiranos adictos al poder.

Una escena de 'Los juegos del hambre: Sinsajo - Parte 2'

Una escena de ‘Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 2’

Otro punto fuerte de la producción consiste en plantear la cuestión de la ética en tiempos de guerra. La línea de lo que está bien y está mal se difumina en el campo de batalla. ¿El fin justifica los medios? ¿Qué se está dispuesto a sacrificar por la victoria? ¿Hay realmente buenos y manos? ¿Vencedores y vencidos? Los protagonistas se enfrentan a todas estas preguntas en un marco donde los bandos se desdibujan, donde ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. Así, vemos al bondadoso Gale (Liam Hemsworth) dispuesto a lo que sea por derrocar al Capitolio. Lo mismo pasa con el poder que comanda a los rebeldes, tan ambicioso como el propio Snow.

Pero en medio del desorden y el caos, siempre aparece Katniss, la líder indiscutible. Ni siquiera su odio hacia Snow ensombrece su buen juicio. La chica en llamas regresa más fuerte y a la vez más humana que nunca, con una Jennifer Lawrence que conoce al personaje como si fuera ella misma. La joven arquera brilla por encima de los demás, ya sea arco en mano o mostrándonos su lado más frágil cuando se enfrenta a la pérdida, a las consecuencias de la lucha, a las víctimas colaterales que pesan sobre su conciencia.

Jennifer Lawrence y Josh Hutcherson, Katniss y Peeta respectivamente

Jennifer Lawrence y Josh Hutcherson, Katniss y Peeta respectivamente

Pero una líder no es nadie sin su equipo. A la sólida interpretación de Lawrence se le une un gran reparto. Destacan las actuaciones de Liam Hemsworth y Josh Hutcherson, que reflejan con habilidad las consecuencias de la guerra en los soldados, y Woody Harrelson, convertido una vez más en la mano derecha de Katniss. Pero si hay un nombre propio en Sinsajo – Parte 2, ese es el de Plutarch, último personaje al que dio vida el fallecido Philip Seymour Hoffman. Cada vez que el actor de Capote (2005) o The Master (2012) sale a escena, el sentimiento de despedida se multiplica. Ese adiós a la saga, pero sobre todo ese adiós a un genio de la interpretación.

De este modo, y aunque es inevitable pensar que Sinsajo – Parte 1 y Parte 2 hubieran funcionado mejor como una sola película, la segunda entrega que acaba de llegar a los cines ha sabido sacar el máximo partido a lo mejor del tercer libro de Suzanne Collins. Así, la película combina con destreza el ritmo trepidante en las escenas de acción y la calma en lo momentos más reflexivos. Sin embargo, la trama pierde fuelle en los últimos minutos de película y conduce a un sinsentido de escena final. La brillantez «épica» de la producción se ve gravemente herida por tres minutos en los que parece que hemos cambiado de canal. Los tres últimos minutos bajan la nota de una película por lo demás notable, por no decir sobresaliente.

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