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Premios Goya 2017: Mejor actriz protagonista

29 enero, 2018 Comentarios (0) Visitas: 842 Cine y Televisión

Premios Goya 2017: Mejor actor protagonista

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¿Qué sería el cine sin los actores? Seguramente un espacio vacío, un retrato inerte de una realidad ajena al cambio, a la narración. Son ellos, con sus personajes, los que dotan de color a las películas. Los que les proporcionan vida y las acercan a los espectadores. De todos ellos, siempre hay alguno que otro encargado de asumir un peso superior en cada cinta. Los pilares alrededor de los cuales gira todo. Los grandes protagonistas de una función que sin ellos no tendría demasiado sentido. En el caso de los intérpretes masculinos, se podría decir que este es un año en el que han triunfado los habituales.

Decir los nombres de Javier Bardem, Antonio de la Torre y Javier Gutiérrez es referirse a tres de los intérpretes de mayor calado y trayectoria del cine contemporáneo español. El teórico outsider de la categoría, Andrés Gertrúdix, suma también dos décadas de carrera hasta haber aterrizado aquí. Hablamos, pues, de cuatro actores de renombre, con un poso y un talento fuera de toda duda. Uno de ellos sucederá en el palmarés, en la próxima gala de los Goya que se celebrará este sábado 3 de febrero, a Roberto Álamo, que el año pasado se impuso gracias a su papel en Que Dios nos perdone (en la cual compartía protagonismo, precisamente, con De la Torre).

Javier Gutiérrez: El autor

Javier Gutiérrez en 'El autor'.

Javier Gutiérrez puede conseguir su segundo Goya gracias a su papel en ‘El autor’.

Si tenemos que hablar de un teórico favorito para alzarse con el premio, este no puede ser otro que Javier Gutiérrez. El actor ferrolano nacido en Luanco se ha impuesto, por su fantástico trabajo en El autor, en esta categoría tanto en los Premios Feroz como en los Forqué y en los que entrega el Círculo de Escritores Cinematográficos. Esta supremacía, pues, ubica a Gutiérrez en el primer lugar de las apuestas de forma destacada. En su papel de Álvaro, el protagonista de la cinta de Manuel Martín Cuenca, realiza una interpretación llena de nervio y matices, evolucionando enormemente a lo largo de la cinta y siendo el principal vehículo narrativo para la expresividad de la película.

La trayectoria de Javier Gutiérrez arrancó tarde, cuando ya había alcanzado la treintena. Ahora, con 46 años, está viviendo un momento de forma inmejorable. Pese a haber realizado papeles que ya lo habían colocado en el punto de mira de forma previa, lo cierto es que fue, sin ningún tipo de duda, su rol en La isla mínima el que acabó de catapultarlo al estrellato. Bajo la tutela de Alberto Rodríguez, Gutiérrez se llevó el Goya en su primera nominación y arrasó en todos los premios. El año pasado consiguió, por su papel en El olivo, de Icíar Bollaín, la que fue su segunda candidatura a unos premios a los que ahora, con El autor, vuelve a presentarse con visos de triunfar.

Antonio de la Torre: Abracadabra

Antonio de la Torre en Abracadabra'.

Antonio de la Torre entra en trance en ‘Abracadabra’ de la mano de Pablo Berger.

Si Javier Gutiérrez es uno de los actores del momento, qué podemos decir de Antonio de la Torre. El actor malagueño está en todas partes. Nacido en el 68, su trayectoria arrancó en los años 90 con una serie de papeles secundarios (se recuerda, por ejemplo, su cameo en El día de la bestia). No fue, sin embargo, hasta 2007 cuando consiguió su primera nominación a los Goya. Lo hizo por su papel en Azuloscurocasinegro, de Daniel Sánchez Arévalo. Y a la primera fue la vencida. Con el premio bajo el brazo, Antonio de la Torre se desató por completo. Empezó a cosechar éxito tras éxito y nominación tras nominación.

La consiguió en 2010, con Gordos y de nuevo de la mano de Sánchez Arévalo. También en 2011, esta vez con Balada triste de trompeta, de Álex de la Iglesia. En 2012 hizo doblete, estando nominado a mejor actor protagonista por su rol en Grupo 7, de Alberto Rodríguez (quien coronó a Javier Gutiérrez) y a actor de reparto por Invasor, de Daniel Calparsoro. Repitió sistema en 2013: protagonista por Caníbal, de Martín Cuenca (quien puede coronar de nuevo a Gutiérrez) y secundario por La gran familia española, una vez más junto a Sánchez Arévalo. El 2015 se llevó una nominación por La isla mínima y, tras un pequeño descanso en 2016, el año pasado volvió a intentarlo con Tarde para la ira, de Raúl Arévalo. Por ninguna de esas nominaciones logró llevarse el premio.

Este año afronta las que son su décima y su undécima nominación a los Premios Goya, logrando por tercera vez (tras 2012 y 2013) estar presente en las categorías de mejor actor principal y de reparto. Su rol en Abracadabra, la cinta de Pablo Berger, parece ser el único capaz de rebatirle el triunfo a Javier Gutiérrez. Es, sin embargo, por su papel en El autor como secundario donde cuenta con mayores opciones.

Javier Bardem: Loving Pablo

Javier Bardem en Loving Pablo.

Bardem es el enésimo intérprete que encarna a Pablo Escobar durante los últimos años.

Javier Gutiérrez y Antonio de la Torre son dos intérpretes de una trascendencia brutal en la actualidad del cine español. Esa frase es una realidad como un templo. Pero si ellos lo son, ¿qué es Javier Bardem? El actor canario, de la generación de sus dos compañeros de nominación, acumula a sus espaldas una trayectoria que produce escalofríos. Ha trabajado, dentro y fuera de España, con los realizadores de referencia del mundo cinematográfico: los hermanos Coen, Woody Allen, Alejandro Amenábar, Pedro Almodóvar, Alejandro González Iñárritu o Bigas Luna, quien lo lanzó al estrellato con Jamón, jamón. Ha recibido cuatro nominaciones a los Globos de Oro y tres a los premios Oscar, llevándose a casa uno de cada (ambos por No es país para viejos).

En lo que se refiere a los Goya, su carrera no es menos prolífica. De su trabajo con Bigas Luna, Bardem sacó nominaciones por la citada Jamón, jamón y por Huevos de oro. Su primer premio se lo llevó gracias a su papel en Días contados, de Imanol Uribe, seguido, al año siguiente, por otro éxito gracias a Boca a boca, de Manuel Gómez Pereira. Cerró los 90 con una nominación por Carne trémula, de Almodóvar, para comenzar a contarlas como triunfos a la entrada del nuevo siglo: Bardem ganó su tercer Goya en Los lunes al sol, el cuarto en Mar adentro y el quinto en Biutiful. El sexto se lo apuntó en la categoría de mejor documental, para dejar testigo de su versatilidad, por su trabajo en Hijos de las nubes, la última colonia.

La nominación por Loving Pablo, de Fernando León de Aranoa (con quien ya triunfó en Los lunes al sol), llega después de 7 años sin sumar candidaturas en categorías de interpretación, prioritariamente por su escasa presencia reciente en cine nacional. La cinta, la única que todavía no ha llegado a las carteleras españolas de todas las nominadas a los Goya, ha sido criticada en términos globales, pese a que su interpretación, como suele ocurrir, ha sido salvada de la quema.

Andrés Gertrúdix: Morir

Andrés Gertrúdix en Morir.

Andrés Gertrúdix reflexiona sobre la muerte de la mano de Fernando Franco.

Ante el historial de premios de sus tres competidores, uno podría pensar, siendo frívolo, que Andrés Gertrúdix tiene escasas posibilidades en su primera nominación a los Goya. Lo cierto es que así es, aunque no menos que Bardem y Antonio de la Torre. Solo la portentosa interpretación de Javier Gutiérrez aleja al actor madrileño, de 30 años, de optar seriamente al galardón. El año 2000 fue el que lanzó a Gertrúdix dentro del panorama cinematográfico español, con dos papeles de cierta relevancia en la premiada El Bola, de Achero Mañas, y en Aunque tú no lo sepas, de Juan Vicente Córdoba.

Después consiguió papeles en películas de notoria relevancia dentro de lo que es el cine español del siglo XXI, como El orfanato, de José Antonio Bayona. En 2013 participó, junto a su pareja Marian Álvarez, en La herida, el primer largometraje de Fernando Franco. Ella se llevó el Goya entonces, y es ahora, con Morir, la segunda cinta dirigida por Franco, cuando le ha tocado a él. En la película en cuestión, Andrés Gertrúdix realiza un papel lleno de silencios, en el que la expresividad gestual juega un rol fundamental. Es un rol que sienta un precedente: el del potencial que este intérprete puede llegar a explotar en un futuro cercano.

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