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11 noviembre, 2019 Comentarios (0) Visitas: 354 Escena

Números ordinales para Cosas Extraordinarias

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Arte oficial de la obra teatral Las Cosas Extraordinarias
Arte oficial de la obra teatral Las Cosas Extraordinarias

Primero, las cosas mundanas. Como cruzar Gran Vía a prisa y acceder a una calle más pequeña intentando por todos los medios llegar a tiempo. Tratando de que no me cierren las puertas.

Segundo, las cosas que no están tan mal. Como ver más cerca, a una manzana, el antiguo y estoico Teatro Lara. O también, como notar que las múltiples luces, los múltiples coches, las múltiples algarabías y ansiedades, los múltiples ruidos, los múltiples mundos de Gran Vía se han ido quedando detrás a medida que avanzo. Acaso, directamente, porque no caben en las dimensiones de la Corredera Baja de San Pablo, 15. 

Tercero, las cosas de siempre. Como no saber qué puerta es la correcta para entrar. O como elegir una, chocar con alguien que sale porque ha elegido la que no es y confirmar así por dónde acceder a la sala Lola Membrives. En esta sala, hoy, Brays Efe actuará en la obra teatral solo, aunque dirigido por Pau Roca. Ambos han interpretado al personaje principal de esta propuesta: un hombre que a los 6 años comienza una lista de cosas extraordinarias para hacerlas constar ante su madre. Para que su madre no vuelva a hacer algo estúpido.

Cuarto, las cosas curiosas. Como los grandes espejos puestos a cada lado del umbral que da paso a la sala. Claramente, nadie en la fila lo puede evitar y se mira. No da la impresión de que sea casual, sino, un requisito preparativo: encontrarse con el propio reflejo a medida que se adentra uno en el espacio dispuesto para este relato  específico.

Una vez pasado el umbral

Quinto, las cosas claras. Bajo la iluminación incandescente de lámpara de abuela que determina el espacio y  entre los asientos dispuestos de forma circular, el mismo Brays Efe va entregando a cada persona del público un papel con un ítem de la lista. Va, en fin, ayudándonos a tener claro dónde enfocar la atención: en el momento presente y en él; de pronto se sitúa en el  centro el círculo, pero ya no es Brays Efe. Es una persona vulnerable a quien le tiembla la voz mientas anuncia el 9 de noviembre de 1989 como una fecha fundamental. Ahora es una persona dispuesta a ser acompañada por los que estamos ahí, es una persona que nos hace partícipes literales de sus hechos personales. El de gafas de la fila delantera izquierda es nombrado su padre y llamado a darle una noticia de camino a casa en un auto formado por dos sillas de la sala. La pareja anciana desde los últimos asientos es ahora conocida y le regala una golosina en un momento de necesidad. Hans, sentado detrás del ‘escenario’, es bautizado como ‘Pablo’ y ojalá que quien me lea pueda conocer lo logrado por Pablo en este relato.

El personaje principal se toma de las manos con dos asistentes al espectáculo para formar un círculo de apoyo
Los espectadores son integrados en la puesta en escena de Las Cosas Extraordinarias
El personaje principal anima a los espectadores a chocar palmadas con él como parte de un emotivo momento de la obra
El personaje principal mantiene una interacción constante con los asistentes
El personaje principal se sienta junto al público durante algunos momentos  del monólogo
El monólogo teatral combina matices de fondo con un tono de humor irónico

A mí me llega mi momento, indicado de forma muy clara. Cumplo con mi tarea de enumerar un ítem de la lista que me fue entregado en un trozo de papel por Brays Efe a quien, en este punto, hemos ya olvidado. Yo menciono en alto a »la luz del sol» mientras se me quiebra la voz… porque qué punto el de aquella estructura dramática para mencionar semejante concepto.

Sexto, las cosas que no volvieron. Como la sequedad en muchos de los rostros de los presentes, la falta de asombro y sonrisas en nuestros semblantes, o como tantas cosas en la vida de este personaje principal que, el 9 de noviembre de 1989, inició una lista como quien confiesa una onda plegaria. No volverán a ser ni a estar este Pablo del 29 de octubre de 2019, ni este padre, ni esta pareja de ancianos.

Séptimo, las cosas buenas. Menos mal que ni los múltiples mundos de Gran Vía, ni ninguno de los mundos externos de los presentes cupo en las pequeñas y acogedoras dimensiones de la sala Lola Membrives la noche del martes 29 de octubre de 2019. Menos mal que, acaso al mirarnos en sus grandes espejos, se nos fueron cayendo y nos fuimos llenando de un espacio parecido a la empatía, a la identificación, a la vulnerabilidad. Menos mal que, en lugar de cerrarse ante nosotros las puertas a la experiencia poderosa de las artes escénicas, el personaje principal nos ha ayudado a abrirlas de par en par. 

Octavo, Las Cosas Extraordinarias. Como que al terminarse las últimas palabras del personaje principal, sucedieron algunos abrazos, aplaudimos y volvió a aparecer Brays Efe anunciando que esta obra, escrita por el dramaturgo inglés Duncan Mcmillan y traducida al español por Adriana Naval, se mantendrá en cartelera cuatro meses más, con una función diaria, cinco días a la semana. Tal que así, hasta el 31 de enero de 2020, llegarán a tiempo nuevas voces de espectadores que, en el momento del asombro, cumplan su función de conjurar a ‘la luz del sol’ animados por el nunca bien ponderado creador de una lista urgente y que, en el mejor de los casos, no habría de tener fin.

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