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7 mayo, 2016 Comentarios (0) Visitas: 1345 Música

Muse se mete en el bolsillo al público madrileño en un concierto épico

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Un escenario que atraviesa prácticamente la totalidad de la pista, ni una butaca vacía, la cancha de bote en bote. El público madrileño esperaba ansioso a que Muse saliera al escenario el pasado 5 de mayo a presentar su último disco Drones.

Las expectativas y el entusiasmo eran altos. Las entradas, que salieron a la venta el pasado mes de septiembre, se agotaron prácticamente en la preventa y en menos de dos horas. Y es que los madrileños esperaban afanosos la vuelta de Matt Bellamy, Christopher Wolstenholme y Dominic Howard a la capital, después de su última visita allá por 2012, cuando presentaron su trabajo anterior, The 2nd Law.

Así, rozando las 21.30 horas, sonaron las primeras notas de Dronescanción que cierra el último trabajo de Bellamy y compañía, una composición más cercana a la música clásica, que emula un canto gregoriano en el que claramente se critica el uso bélico de drones y que acaba con un irónico «amén».  A partir de ahí, dos horas en la que los ritmos endiablados de las 21 canciones que tocaron hicieron bailar a las más de 15.000 personas que se congregaron en el Barclaycard Center de Madrid (antiguo Palacio de los Deportes) en el primero de los dos conciertos del trío en la capital.

El primer tema de la noche fue el potente Psycho, cuyo riff inicial le podía ser familiar a los muy fans, ya que lo utilizaron como melodía de transición entre temas durante su tour Haarp en 2007 un canción de Drones a la que siguió Reapers, del mismo disco, pero fue con la ya clásica Plug in Baby con la que el público madrileño comenzó a botar a más no poder.

muse-palacio_xoptimizadax--620x349El punto de inflexión fue la emblemática Supermassive Black Hole, mítica canción de los de Devon que Matt Bellamy canta prácticamente toda en esos falsetes tan propios de él. Y es que es innegable decir que el directo de Muse es brutal, llano, espectacular y, sobre todo, grandioso. Todo está cuidado hasta el último milímetro, no hay ni un detalle que se haya dejado al azar.

Los británicos lo dieron todo, y Bellamy, muy en su línea tan teatral y épica (a pesar de tener una fractura en uno de sus dedos del pie), atinó sin dudar en sus interpretaciones. Si ya es llamativo su registro vocal en los discos, en directo deja al público sin palabras.

Pero es que al final, Muse no es solo una voz, son tres músicos (y con mayúsculas), en los que el trabajo intelectual y los ensayos priman. Y esto se refleja a la perfección en todos y cada uno de los siete trabajos de estudio que a día de hoy han publicado y, sobre todo, en sus conciertos.

Se lo pasan bien, van de un lado al otro, pero no hablan. ¿Para qué? si con sus letras y sus melodías ya lo dicen todo. Y es que es imposible no disfrutar de la riqueza musical de todas y cada una de sus piezas en las que guitarras, electrónica, pianos y violines van tan de la mano que dan lugar a una música altisonante y rimbombante, cuyo carácter en ocasiones puede llegar a recordar al de Wagner, y que a día de hoy les sitúa como uno de los referentes en lo que se conoce como rock de estadio.IMG_3651

Así, con esta gira han llevado al rock sinfónico hasta su máximo exponente y, sobre todo, han remarcado esa grandilocuencia que tanto les caracteriza, eso sí, sin olvidarse del humor y, tampoco, de la denuncia social.

Un escenario de 360º, siguiendo la línea marcada por U2 en 2009, pero llevado hasta las últimas consecuencias. Una plataforma central circular y rotatoria en el medio de la pista, a la que le salen dos ‘brazos’ que llegan hasta los extremos de la pista, pantallas en las que se hacen todo tipo de proyecciones incluso en 3D, esferas metálicas que simulan drones… todo al servicio de un espectáculo global, en palabras de Wagner «la obra de arte total«.

Pero es que el trío británico también se caracteriza por su capacidad de sorprender, de hacer lo que les da la gana y, claro está, Madrid no iba a ser una excepción. Así, a lo largo de la noche repasaron algunos de sus grandes hits como Time is Running Out, Hysteria o Starlight con los que el público madrileño gritó y bailó a más no poder. Pero sorprendieron incluyendo en su setlist algunas canciones menos conocidas como Take a Bow, Apocalypse Please o la imponente The Globalist (de su último trabajo). Un concierto en el que es posible que faltasen canciones «históricas» de la banda como Feeling Good, Butterflies and Hurricanes, Undisclosed Desires, The Resistance o Survival, pero es que, al final, es imposible contentar a los fans y tocarlas todas, básicamente porque acabaría siendo un concierto de cuatro horas.

Hacia el final del espectáculo también hubo hueco a la protesta con Uprising, que con su “They will not force us, They will stop degrading us, They will not control us, We will be victorious” es todo un llamamiento a la revolución, un levantamiento frente a los poderes que hizo que el público madrileño se desgañitase al ritmo de un estribillo tan reivindicativo como ese y sus potentes riffs de guitarra.

Una noche épica que acabó con la que seguramente es su canción más épica, Knights of Cydonia. El público no se pudo contener y bailó, saltó, chilló e incluso coreó prácticamente toda la canción: desde su enérgico riff de guitarra, más propio de un western, hasta las frases ya míticas: «No one´s gonna take me alive, The time has come to make things right, You and I must fight for our rights, You and I must fight to survive «, un canto a la libertad que electrizó el Palacio de los Deportes de Madrid y que dejó al público apabullado ante tanta grandeza.

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