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19 abril, 2016 Comentarios (0) Visitas: 1441 Cine y Televisión

‘Mon roi’ o el amor enfermizo

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Una mujer se despierta en un centro de rehabilitación tras un accidente de esquí. Entre batas blancas, médicos y el mar, siempre presente, Tony (Emmanuelle Bercot) trata de hacer frente a una rotura de ligamentos en un ambiente donde la soledad (sobre todo en las primeras escenas) es acuciante. A medida que avanza el relato, nos vamos dando cuenta de que la protagonista no solo sufre una ruptura externa sino también interna.

A través del proceso de rehabilitación, cuando la vemos ejercitar en la piscina, hablar con otros pacientes y recuperarse en ese microclima aséptico de paréntesis vital, también nos adentramos en su doloroso interior, maltrecho por un pasado que Tony no acaba ni de asumir ni de controlar. Mediante varios flashbacks, la directora nos acerca al martirio amoroso que Tony ha sufrido (y todavía sufre) con Georgio (Vincent Cassal).

Mon roi

Mon roi

La historia de ambos, narrada desde un punto de vista femenino, se centra en los altibajos de una pareja condenada a no entenderse. Pero, además, nos muestra la terrible dependencia de una mujer hacia un hombre que la condena a los abismos de la enajenación amorosa a través de agravios constantes sustentados en la omisión total.

Mäiwenn Le Besco vuelve a la gran pantalla tras su último film, Polisse (2011). La directora y guionista francesa relataba, a través de esta película, el día a día de la unidad infantil del Departamento de policía de París. La película, de aires documentales, se llevó un premio del Jurado en Cannes, sin haber albergado muchas buenas críticas en circuitos externos.

Cuatro años más tarde, con Mon roi, nos muestra un drama amoroso en el cual las interpretaciones rescatan, en gran medida, una historia que, en determinadas escenas, se antoja lenta y sin un gancho que nos haga adentrarnos en la misma. El peso mayor de la interpretación está en el papel de la protagonista, a quien Mon roi le valió el galardón en Cannes 2015 a la mejor interpretación femenina. En los premios César, además, la película ha recibido ocho nominaciones, incluidas las de mejor Director, mejor Película y mejor Actriz. Sin embargo, las críticas del film, en general, son muy dispares, tanto como la opinión final que uno tiene al finalizar la película. Por una parte es un drama que recrea «de buena forma» las tribulaciones de las relaciones humanas. Hay intensidad y soltura en las interpretaciones de los personajes principales. Pero, a veces, en varias ocasiones, las escenas se repiten y no tienen orden lógico, no hay una continuidad latente.

Uno no llega a entender esa dependencia ya enfermiza de la protagonista ante una relación que es la viva imagen de la autodestrucción absoluta. Además, las escenas de sufrimiento y peleas amatorias logran, en ocasiones, cansar y aburrir más que conmover al espectador. Les falta ser potenciadas.

Emmanuelle Bercot encarna a una mujer de ideas fijas y congruentes que se deja arrastrar por una vorágine amorosa de tintes pasionales y dramáticos. Tony muestra el desgarro emocional y la debacle personal que conllevan algunas rupturas. Su malestar emotivo y su lucha por recuperar las riendas de su vida se entrecruzan y se representan en total sintonía con su lucha externa por recuperarse de los daños sufridos tras su accidente.

Su interpretación, a través de los diez años de amor-odio que vivió al lado de Georgio, hace sombra en varias ocasiones al papel interpretado por Vincent Cassal y al resto del elenco. Bercot logra con creces perpetuar ese registro en la mayor parte del film.

Georgio (Vincent Cassal) es un ser dominante, que sabe jugar a “enamorar”, pero del cual apenas se dejan ver más detalles en las dos horas y media que dura el film. Su papel se limita a la recreación de un personaje narcisista y pretencioso, que aparece y desaparece en una suerte de muestra de su desequilibrio vital.

El resto del elenco, compuesto por amigos y familiares de los protagonistas, así como por los compañeros de Tony en la clínica de rehabilitación, da soporte al film y palia, en gran medida, el dramatismo absoluto que prima en Mon Roi.
En definitiva, la idea inicial de Maiwen es brutal. El amor en su declive final, la desesperación por salir de las relaciones asfixiantes es un tema que ha dado y puede dar para mucho en la historia del cine. Sin embargo, falta algo, y uno sale de la proyección con una sensación de “mucho drama y poca esencia”.

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