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27 mayo, 2016 Comentarios (0) Visitas: 1151 Escena

Los 3 sin padre, adiós al paraíso infantil

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El pasado 24 de mayo, se presentó en el Teatro del Arte la obra Los 3 sin padre, una historia de ‘bioficción’, creada e interpretada por Patricia Benedicto, Eugenio Gómez y Miguel Barderas. La obra fue concebida para Surge Madrid, una muestra de teatro alternativo de Madrid.

Es ésta una pieza teatral en la que se habla del vacío irreparable que deja la muerte sin caer en el dramatismo apocalíptico y tedioso que se suele dar en obras que tratan temas similares.

Los 3 sin padre nos invita a pasar una velada con tres amigos que se reúnen  para charlar y cocinar. Una vez que el espectador se adentra en la sala es recibido por los propios actores, quienes nos invitan a un vino y a sentarnos. Desde nuestros asientos los vemos cocinar y charlar. Un sofá rojo, una lámpara con luz tenue que otorga calidez, una mesa con utensilios para cocinar una tortilla de patatas, botellas de  vino y un proyector, no falta ni sobra nada. La puesta en escena es sencilla, siempre reclamando la atención del público, la iluminación y la música, por otra parte, logran que nos inmiscuyamos en ese hábitat y que formemos parte de esa ceremonia amistosa.

Así, a través de un hábito tan mundano como cocinar, entre copa y copa asistimos al desnudo emocional que los actores van tejiendo con sus conversaciones. Desde el minuto uno nos damos cuenta del leitmotiv que mueve la trama: los tres protagonistas son jóvenes y han perdido a sus padres. La imagen paterna, de una manera muy catártica y freudiana, acompañada de recursos sonoros como audios, proyecciones reales y videos en super-8, es escrutada y diseccionada por estos tres adultos.

Los 3 sin padre

Los 3 sin padre

Patricia no conoce a su padre, Miguel lo perdió con catorce y Eugenio con cuarenta. A raíz de una experiencia real que les pasó a los intérpretes se crea esta “obra particular” que recorre los desiertos de las relaciones paterno-filiales y cómo éstos influyen en la edad adulta. Pero también analiza otras cuestiones como la relación entre el padre de familia y el patriarcado que conduce a la mujer a una posición siempre relegada.

También se trata el destierro de la infancia a la que la sociedad nos conduce desde nuestra adolescencia. Hay un momento clave, por ejemplo, que es cuando los tres protagonistas se ponen las caretas con su foto de cuando eran niños. Uno percibe esa dualidad binomial entre la niñez y la edad adulta, en esa escena, el espectador se ve cara a cara con lo amorfo y atroz que resulta ese cuerpo de adulto con cara de niño, para acabar preguntándose dónde está ese niño que todavía respira en nuestro interior, que un día dejó de jugar y comenzó a seguir las ordenes de “lo establecido”.

Hay guiños muy proustianos  a percepciones de ese paraíso perdido que supone la infancia cuando uno se hace adulto, como cuando se recuerda el hecho de dormir con los padres como algo que nunca se verá igual.  Si uno logra irse a ese “otro lado” que la obra da a entender en algunas partes del texto, el resultado llega a conmover.

Hay, sin embargo, algunos vacíos como los primeros quince minutos en los que un ritmo demasiado pausado prevalece mientras los actores cocinan, o los recursos a la risa fácil que, desafortunadamente, siempre funcionan en algún sector del público.

Pese a todo, Los 3 sin padre logra aunar los elementos que mejor describen la pérdida paterna mediante evocaciones recreadas por los propios personajes (como el momento en que Patricia pide a Miguel que haga de padre para poder crear ese momento -ya imposible de convertirse en hecho- del baile de boda entre padre e hija).

Cada uno cuenta su historia con ojos llorosos pero serenos, entre música y risas. Cada personaje recrea lo personalmente vivido mediante diferentes discursos ante micrófono, superpuestos y acompañados por imágenes de la infancia de cada uno. Patricia habla del abandono de un padre que se fue con otra familia, de cómo “ese experto en huidas por la ventana” le marcaría, eternamente, su dependencia emocional futura, “¿sí no puedes confiar en tu propio padre, en quién vas a confiar?”. Miguel cuenta cómo la muerte de su padre, a los trece años le hizo sentirse “la persona más fuerte del mundo”, porque “si pierdes a tu padre a esta edad, ya puedes soportarlo todo”. Gómez, por su parte, el que más reciente tiene la pérdida, habla de cómo a diario y por automatismo, se olvida de que su padre ya no está aquí y que ya no puede contarle cómo le ha ido el día u otras cosas tan terrenales que chocan –de una manera escalofriante- con el misticismo de la ‘otredad’ que posee la muerte.

Cada uno cuenta una historia diferente que se dirige a analizar un mismo punto: la desprotección causada por la pérdida de uno de los padres como un sentimiento que te obliga a asumir de nuevo la identidad propia después del vértigo que te tambalea. “Yo ya nunca me sentiré tan protegida como cuando paseaba en bus pegada a mi padre, nunca más, y eso, eso es muy jodido”.

Surge Madrid es una iniciativa concebida por la Comunidad de Madrid para dar voz a esas salas de teatro

Surge Madrid

Surge Madrid

alternativas que, con magia y luz propia, iluminan ciertas áreas de la ciudad. Al mismo tiempo, este proyecto pretende fomentar y dar cabida a oportunidades teatrales y profesionales de formato reducido.

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