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6 enero, 2015 Comentarios (0) Visitas: 2107 Cine y Televisión

Leviatán y el cine contemplativo ruso

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Leviathan es la película rusa prenominada para representar a su país en los Oscar

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Andrey Zvyagintsev no es un cineasta de larga trayectoria en su Rusia natal, pero ya se ha hecho popular por dedicar especial atención a la fotografía en sus películas. Leviatán, la más reciente, empieza con una bellísima vista de una bahía en el Mar de Barents, en un amanecer de aquellos en que se hacen fotos para revistas turísticas. Pasados los primeros minutos de la trama, comprendemos las intenciones del director: es este escenario, en el que vive y mantiene su taller el protagonista, Kolya, pero el alcalde local se lo quiere quitar. Pero Kolya ha vivido allí toda su vida y construyó esa casa con sus propias manos, de manera que no está dispuesto a abandonarla.

La película cuenta los percances que atraviesa el personaje para mantener su tierra, presentándonos, de manera meticulosa, un retrato de la Rusia contemporánea, que incluye la corrupción política y religiosa. La escena en la que Kolya conoce el resultado de su revisión judicial, leída de forma mecánica por una jueza que en ningún momento lo mira, muestra con crudeza esa situación. Kolya vive en un Estado de Derecho en el que personas y autoridades todavía no son iguales.

A pesar del ritmo lento de la trama, el director se muestra exitoso al poner los fracasos de Kolya en una sucesión trágica: después de la derrota en el tribunal, todo empieza a colapsarse. La vida sencilla que llevaba el típico ciudadano ruso, en el paraíso de Barents, se convierte en una narrativa en la que los personajes se revelan más ambiguos de lo que nos parecía al principio. No existe una lucha de buenos contra malos, sino batallas individuales por la supervivencia.

El guión, premiado en el Festival de Cannes de 2014, es realista y gana cuerpo con los 140 minutos de trama. La historia está basada, además, en una disputa terrenal que ocurrió en Estados Unidos y que llegó al conocimiento del director de la película en 2008. Pero es el cuidado que presta a las imágenes, de hecho, la mejor cualidad del cine de Zvyagintsev. Sin su estética de contemplación, el sentido de injusticia quedaría vacío y la identificación del espectador con la causa de Kolya se diluiría.

La lucha del protagonista contra un Leviathan difuso revela algo más que una crítica a la corrupción: demuestra la tesis de que un individuo no puede solo contra el Estado moderno – rico, protegido por leyes y por la iglesia. La película es, por lo tanto, una defensa de los principios básicos de igualdad y un retrato pesimista de las estructuras estatales. Un choque – sin embargo, bellísimo – de realidad.

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