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19 febrero, 2016 Comentarios (0) Visitas: 1553 Escena

La Prohibición de Amar, el Wagner más inédito en el Real

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ProhiAmar 1016Color, mucho color, alegría e ironía en La Prohibición de Amar, la segunda ópera que compuso el genial Richard Wagner y la primera que estrenó allá por el año 1836. Una ópera que en su momento se consideró maldita, y que el compositor alemán desterró de su repertorio por toda la serie de desdichas que rodearon a su estreno. Peleas entre bastidores, personajes que no se sabían sus textos y cantaban trozos de otras obras, problemas con el vestuario… El público no entendió la críticia de Wagner a esa sociedad hipócrita y puritana.

Una ópera muy cómica y crítica, muy alejada de los patrones de estilo del archiconocido compositor que se estrena el 19 de febrero por primera vez en el Teatro Real. Y es que La Prohibición de Amar es tan inédita que, a día de hoy, no se había estrenado todavía en su versión completa en España. Hubo un breve acercamiento en 2013 en el Festival del Castell de Peralada, donde se tocó una versión para cámara con motivo del bicentenario del nacimiento de Wagner. Desde entonces no se ha vuelto a escuchar hablar de esta ópera, hasta que Kasper Holten (director de ópera de la Royal Opera House de Londres), se puso manos a la obra para subir al escenario todas las desventuras amorosas imaginadas por Shakespeare en su obra Medida por medida. Y qué mejor que estrenar una co-producción del Teatro Real con la Royal Opera House y el Teatro Colón, de un Wagner desconocido en el 400 aniversario de la muerte del mítico dramaturgo británico.

En La Prohibición de Amar nos encontramos a un joven Wagner que todavía está en plena búsqueda de su estilo propio. Aunque sí es cierto que en algunos puntos la sección de cuerda puede recordar a obras posteriores, esta ópera nada tiene que ver con lo que generalmente va asociado a Richard Wagner: música grandilocuente, temas trascendentes y escenografías altisonantes. Más bien, La Prohibición de Amar es una ópera cómica, muy cómica, pero, sobre todo, irónica y crítica, que a veces recuerda más bien a una comedia de enredo.ProhiAmar 1634

Como bien dice su título, el libreto trata de cómo el nuevo gobernador de Palermo, Friedrich, ha llegado a tierras italianas para prohibir cualquier tipo de placer, incluido el amor, el juego o la bebida. A partir de ahí, se dan una serie de relaciones, encarcelamientos y traiciones, todas ellas teniendo como nexo de unión la nueva ley de Friedrich. Una obra que es un canto a la libertad y al amor, una ópera donde es evidente el marcado carácter juvenil y revolucionario, muy alejado del recato imperante en la sociedad alemana del siglo XIX.

Es una llamada al amor libre, al amor sin normas, pero, sobre todo, es una crítica a la doble moral, a la hipocresía que desde siempre ha rodeado a los temas de índole sensual. Es el propio Friedrich, el individuo que está condenando a muerte a hombres solamente por seguir sus instintos más básicos, el que cae bajo el embrujo de una mujer (una novicia para más inri) y decide saltarse las normas, pero, eso sí, manteniendo todas las sentencias de muerte. Una doble moral que no solo demuestra este personaje (uno de los que más aplausos se lleva al finalizar la función), sino que muestra todas las fuerzas del orden que no pueden sino sucumbir al poder de los placeres.

En esta producción hay montones de guiños a la sociedad actual. Móviles, Facebook, WhatsApp, emoticonos… todo ello aparece proyectado en la escenografía para darle un toque de actualidad y facilitar la narración de la obra. Y es que ya desde los primeros compases se trata de una versión muy cómica y tecnológica. Se levanta el telón, suena el Preludio del primer acto y aparece sobreimpresionado en el telón una imagen de Wagner. Un Wagner al que no estamos muy acostumbrados, hace morritos, guiña, sigue felizmente el ritmo de la música, juega con sus cejas… las primeras carcajadas ya hacen acto de presencia en la sala. Y así durante más de dos horas (sin contar el descanso), donde los hashtags, likes y followers también tienen su papel estelar.

ProhiAmar 1826¿En qué época está ambientada esta versión? Es casi imposible asegurarlo. Las mujeres de vida alegre van vestidas como a finales del XIX y principios del XX, los policías parecen más bien de los años 20, mientras que de entre los hombres podría haber personajes trajeados de los años 50, hasta uno cuyos modelitos son una mezcla entre Rappel, un bakala y el cantante de La Mosca. La escenografía, muy lograda, nos hace sufrir con paneles flotantes y cantantes sobre ellos, escaleras y más escaleras, cubículos en movimiento… Muy llamativa es la escena del convento donde ese atrezzo, junto a la iluminación y a las monjas vestidas de negro, hacen un efecto más que tétrico a la vez que espectacular. La pamplina es universal. Tal es así, que en esta producción también se extrapola el libreto a la actualidad, Así, hace un claro guiño a la tiranía de la Unión Europea frente a los países mediterráneos. En pleno barullo por la derogación de la ley de Friedrich, vuelve el amado rey a Palermo. Para sorpresa del público, el rey se parece más bien a Angela Merkel, con su típico traje de chaqueta y su inconfundible gesto, y cuyos acompañantes van lanzando euros a todos los presentes.

Y es que La Prohibición de Amar es una obra universal y atemporal, de la que se puede sacar alguna conclusión sin importar la época en la que se vea. Una ópera que ayuda a comprender mejor a Wagner y ver su desarrollo desde una simple comedia de enredo, a la legendaria tetralogía del Anillo del Nibelungo (El Oro del Rin, La ValquiriaSigfrido y El Ocaso de los Dioses). Una ópera más que recomendable para todos aquellos que les apetezca reír un rato o conocer a un Wagner totalmente desconocido, cómico, baladí, pero, sobre todo, tremendamente irónico.

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