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12 diciembre, 2015 Comentarios (0) Visitas: 2049 Cine y Televisión

‘La novia’, oda a la belleza poética y estética de Lorca

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Inma Cuesta protagoniza 'La novia', adaptación libre de 'Bodas de sangre'

Inma Cuesta protagoniza ‘La novia’, una adaptación libre de ‘Bodas de sangre’

Si hubiera que definir La novia con una palabra, esta sería belleza. Belleza estética en cada escena, belleza poética en los diálogos, belleza interpretativa por parte de un reparto sobresaliente, y belleza musical en las canciones a capela. La novia, segundo trabajo de Paula Ortiz (Zaragoza, 1979) tras De tu ventana a la mía, y libre adaptación de Bodas de sangre de Federico García Lorca, derrocha belleza. Con nueve nominaciones a los Premios Feroz y precandidata a los Premios Goya, la película se ha estrenado recientemente en los cines españoles.

Ortiz se atreve con uno de los escritores más venerados de la historia de la literatura española. Pero cuidado, porque se trata de una adaptación libre. Si bien las palabras y la simbología lorquianas (el caballo simboliza la pasión, el cuchillo significa venganza, la mendiga y la Luna auguran la muerte) están siempre presentes, en La novia prima el lenguaje visual. Ya el primer fotograma muestra a la protagonista llena de sangre y barro, arrastrándose por el suelo, una imagen poderosa, pero que no aparece en la obra de Lorca.

Bodas de sangre es el romance trágico patrio por excelencia, un Romeo y Julieta a la española, con un trío amoroso en medio de un enfrentamiento familiar que augura un fatal desenlace. La novia parte de esa premisa, pero con una propuesta más sensorial. Esta es una película de silencios, de miradas y manos que se tocan. De planos a cámara lenta. De paisajes desérticos y desoladores que parecen pintados sobre un lienzo, irreales. Esta apuesta estética liga a la perfección con la lírica del poeta granadino, siempre presente en frases como “son los vidrios que se me clavan en la lengua”.

Una escena de 'La novia', con la Luna simbolizando la muerte

Una escena de ‘La novia’, con la Luna vaticinando la tragedia que está por venir

Así, Ortiz nos trasporta a otra época, a otra realidad impecablemente construida, sin necesidad de fechas ni localizaciones. Poco importa si estamos en la Andalucía de Bodas de Sangre, o en Aragón y Turquía, donde transcurrió parte del rodaje. Y es que en medio de ese paisaje está ella, Inma Cuesta, vestida de novia, en su mejor actuación hasta el momento. Cuesta parece sacada de las páginas de Bodas de sangre, dando vida a una mujer siempre sumida en la duda, la desazón y el miedo. La actriz refleja con una mirada el debate interno de la novia, dividida entre dos amores y martirizada por su sentido común.

Asier Etxeandia y Álex García completan este triángulo amoroso que desde la adolescencia parece atraer a la muerte. El intérprete vasco está espléndido en el papel de “el novio”, un personaje feliz y enamorado, pero abocado a la tragedia cuando se topa con el ansia de venganza. Un convincente Álex García, por su parte, da vida a Leonardo, el primer amor de la protagonista, que sigue despertando en ella una atracción de consecuencias nefastas. Pero esta es una película con nombres de mujer, y si hay alguien que brilla tanto o más que Inma Cuesta, esa es Luisa Gavasa, sublime en su desgarradora interpretación como la madre del novio, personificación del dolor y la amargura propiamente lorquianas.

Asimismo, la música hila con delicadeza todos los acontecimientos. Ellas vuelven a ser protagonistas en este apartado. Inma Cuesta, Leticia Dolera y Manuela Vallés se atreven con la canción a capela de clásicos populares como La tarara. La banda sonora, que corre a cargo del japonés Shigeru Umebayashi y cuenta con la colaboración de Vanesa Martín o Soledad Vélez, contiene canciones basadas en textos de Lorca, como la Nana del Caballo Grande.

En definitiva, La novia no es una adaptación al uso, sino una obra que se vale con maestría de la historia y la poética lorquianas para reinterpretar la tragedia Bodas de sangre con un poderoso lenguaje visual. Sin embargo, el texto de Lorca se respeta de principio a fin, igual que el universo simbólico que acompaña a las palabras. Es inevitable dejarse hipnotizar cuando la protagonista susurra sutilmente “porque me arrastras… y voy… y me dices que me vuelva … y te sigo por el aire… como una brizna de hierba…”. Una excelente película hecha poesía, una excelente poesía hecha película.

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