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14 febrero, 2018 Comentarios (0) Visitas: 820 Lifestyle

La leyenda del hombre pez sigue latiendo en Liérganes

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El norte de España nos devuelve como un rumor lejano a paisajes recubiertos de hierba y montañas que no dejan de sucederse una tras otra. Donde la niebla lo llena todo de suspense y prudente calma, al tiempo que las mareas chocan con fiereza contra los muros de piedra. Pero también esconde en sus tierras numerosas leyendas que siguen habitando este vasto territorio a través de sus gentes. En Asturias, a las sirenas se las conoce como xanas, y permanecen atadas en fuentes o manatiales para atraer a los hombres del campo. Por los montes de Euskadi aún se escuchan silbidos del Txistu llamando a sus perros. Mientras que en la selva de Irati el Señor de los bosques o Basajuan, protege al ganado que vive en la naturaleza. Historias y cuentos mitológicos que han saltado a la gran pantalla en numerosas ocasiones como en El Guardían Invisible, con su particular Basajuan, el Tarttalo en el Legado en los huesos o el Gigante de Altzo en Handia.

El hombre pez de la mitología cántabra

Por su parte, en la mitología cántabra existe una infinidad de seres fantásticos que la gente temía o adoraba y en torno a los cuales surgieron numerosos relatos. Uno de ellos reside en Liérganes, un pueblo de 2.355 habitantes, en la comarca de Trasmiera. Una de las placas ubicadas junto a la orilla del rio Miera, demuestra que la magia de sus historias es inagotable. «Su proeza atravesando el océano del norte al sur de España, si no fue verdad mereció serlo», así reza la piedra esculpida. De esta forma recuerdan cómo uno de sus habitantes, Francisco de la Vega, se convirtió en un hombre pez. Según la leyenda de este municipio, el joven desapareció en la ría de Bilbao en 1674 y fue encontrado cinco años después en las redes de unos pescadores de Cádiz. Su cuerpo humano había cambiado y en lugar de piel solo tenía escamas. Desorientado pronunció el nombre de ‘Liérganes’ y fue devuelto a su hogar. Allí estuvo durante años antes de desaparecer definitivamente en el mar.

El hombre pez y el puente de Liérganes | Foto: espacio Cantabria

La estatua del hombre en Liérganes | Foto: espacio Cantabria

En Liérganes hay más que leyendas

Se fugó para no regresar jamás, pero su gloria continúa presente, no solo a través de una gran estatua que descansa sobre una roca, sino también en el nuevo trabajo de Guillermo del Toro, La forma del agua. En este film se narra el romance entre una joven y un hombre anfibio. Seres fantásticos que despiertan intrigas y misterios como el monstruo del lago Ness en Escocia o el Yeti en el Himalaya. Pero más allá de su legendario hombre pez, este pueblo que data del año 816 y declarado Bien de Interés Cultural (BIC), es un rincón muy cautivador que merece la pena visitar. Posee 20 edificios barrocos y neoclásicos que permiten contemplar en una sola ubicación 500 años de arquitectura. Casonas montañesas, iglesias, capillas, ermitas, puentes y molinos que se integran en armonía con la naturaleza, y que van relatando cómo Liérganes se convirtió en el principal centro socioeconómico de la comarca junto con las fábricas de La Cava.

 

Póster alternativo de 'La forma del agua' | Foto: Fox Searchlight

Póster alternativo de ‘La forma del agua’ | Foto: Fox Searchlight

 

Sus palacios sobrios de gruesos muros y portaladas con escudos y blasones, aún siguen evidenciando la notoriedad de los que en otro tiempo habitaron esas fortalezas. La casa Rañada y la de los Cañones son ejemplos de esa austeridad llena de grandeza. En el interior de muchas de estas edificaciones hay grandes patios y jardines con plantas exóticas que simbolizan el éxito perdurable de quienes arriesgaron y volvieron a la aldea tras un viaje próspero a América. Pero todos los carteles y miradas de complacencia recaen en el puente viejo de un solo ojo, construido en el siglo XVI, y el molino rehabilitado. Dos piezas únicas que contempla orgulloso el rio Miera.

 

El viejo puente romano de Liérganes

El viejo puente romano de Liérganes | Foto: Ayuntamiento de Liérganes

Pero no solo su paisaje y arquitectura alimenta los sentidos. Por su gastronomía desfilan platos de carne procedentes de los pastos pasiegos, sabrosas truchas del río Miera y quesos frescos. Raciones contundentes que podrían dejar boquiabierto a cualquier amante del buen comer. Pero también los dulces son toda una celebridad en esa zona. Los Sacristanes y los Corazones son dos delicatessen que al juzgar por la demanda parecen un postre indispensable.

Otro de sus encantos es la puesta de sol desde los famosos picos de Busampiro, dos turgentes elevaciones rocosas que se conocen popularmente con el nombre de ‘tetas de Liérganes’. Desde su cima, escuchar el latir pausado del mundo parece posible. Todo un valle que abarca desde la bahía de Santander hasta la peña Cabarga.

 

 

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