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29 octubre, 2014 Comentarios (0) Visitas: 1703 Comer y viajar

La envidia viste de Givenchy

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Givenchy en el Thyssen

El Museo Thyssen-Bornemisza se pone sus mejores galas y rinde homenaje al diseñador francés Hubert de Givenchy (Beauvais, 1927). La exposición, comisariada por el propio modisto, estará disponible hasta el 18 de enero de 2015 y cuenta con casi un centenar de piezas procedentes de colecciones privadas y museos de todo el mundo.

Como cada mañana, un rayo de sol entra por la ventana que, a lo lejos, me da los buenos días. Se oye un ruido. Seguramente sea el guardia, que llega con ese uniforme tan poco favorecedor y el manojo de llaves colgando del cinturón. Así comienza el día entre estas paredes.

“Pasen por aquí, por favor”, “fotos solo sin flash”, “enséñeme su entrada”, “lo siento, pero está prohibido comer y beber aquí”, … Y otras mil frases más, todas por el estilo, que están incluidas en el ritual que los vigilantes utilizan para dar la bienvenida a todos aquellos que vienen a vernos. La mayoría de los visitantes son mujeres, de edades variadas y bien vestidas.

Traje de Jackeline Kennedy

Diseño para Jackeline Kennedy

Soy de un color dulce y cálido, en su día pertenecí a la primera dama de Estados Unidos, pero aún me cuesta creer que muy pocos se fijen en mí. He de reconocer que el que está justo enfrente de mí tiene un extra, y es que se trata de uno de los más famosos de la historia de la moda. De hecho, lo llevó la mismísima Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes. Pero yo sigo dándole vueltas, pues no creo que sea tan difícil prestarme algo de atención, aunque solo sea de vez en cuando.

Anoche me desperté, salí de mi posición habitual y dediqué unos minutos a apreciar a todos los que me rodeaban. En primer lugar, un grupo de elegantes, aunque a la vez sencillos, conjuntos me trasladaron a los primeros momentos de su andadura como diseñador, cuando fundó la Maison Givenchy en París. Él siempre cuenta grandes anécdotas de esa época, entre las que incluye cómo fue una de sus creaciones más conocidas: la “blusa Bettina”. Asimismo, recuerdo que a menudo menciona el nombre de su gran maestro: el español Cristóbal Balenciaga.

Desde que comenzó en el negocio de la moda, Hubert de Givenchy, apostó por el color negro como un toque estrella en sus obras. Así, según avanzaba por la galería del Thyssen, me topé con la sala que tanto ansiaba encontrar, la parte de la exposición que había sido bautizada con el nombre “El negro y la sofisticación”. Vestidos de cóctel, detalles impactantes, algunos con pieles, que hacen que cualquiera que no conozca su trabajo, asocie al modisto con la exquisitez y la suavidad.

Vestido de Audrey Hepburn

Vestido diseñado para Audrey Hepburn en «Desayuno con diamantes»

Mi recorrido continuaba y, después de pasar por mi lugar habitual desde hace varios días, donde nos encontramos las piezas que pertenecimos a la icónica Jackeline Kennedy y otras que fueron a parar a armarios como los de la duquesa de Windsor o de la princesa Carolina de Mónaco, llegué a la cúspide de la pirámide Givenchy. Ahí fue cuando leí “Vestido de noche recto en satén negro. 1961”. Delante de mí, expuesto sobre un escalón más alto que el resto de nosotros, brillaba la magia del cine, deslumbraba el traje que él diseñó para su musa. Y fue en ese mismo momento cuando me di cuenta de que la envidia brotaba en mi interior.

Contemplé un rato aquella creación destinada únicamente a la inolvidable Audrey. Y volví a sentirme inferior. Incluso después de haber vivido momentos inexplicables en la Casa Blanca, tengo que admitir que nunca podré comparar todo eso con el glamour de Hollywood.

Cabizbajo, seguí mi paseo nocturno y me adentré en una sala llena de color y cargada de un trabajo artesanal de lo más cuidado. Puede que tantas gamas de colores vivos contrarresten la pasión que el francés siente por el negro, pero más adelante me encontré con que volvía a seducirme con otras tantas piezas de la misma tonalidad.

Llegué al final de la exposición y, cuando estaba perdido en los vestidos de novia, me di cuenta de que debía volver a mi ubicación, pues apenas faltaban unas horas para que las puertas del museo volvieran a abrirse al público y debía descansar.

Y sí, hoy ha sucedido lo nunca visto. De repente, una joven, con libreta, bolígrafo y cámara en sus manos, retrocede a mí después de haber visto a mi mayor rival. Me lanza una mirada, me enfoca con su réflex y pronuncia: “Este es”.

 

Vestido de Givenchy GivenchyGivenchy

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