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25 febrero, 2020 Comentarios (0) Visitas: 325 Arte

Francisco Leiro, de costa a costa

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Francisco Leiro
Francisco Leiro

Nada más entrar a la sala principal de La Tabacalera, con sus techos altos y luces bajas, te encontrabas frente a seis arcos de piedra rosa en fila, con dos figuras gigantes de piedra negra a cada lado: la columna vertebral de una ballena. Estas piedras curvadas, como si fueran huesos saliendo y volviendo al mar, provenían de las raíces de su escultor, Francisco Leiro. Los huesos representaban un roteiro, un recorrido, de la vida y la obra del escultor gallego.

Esta es una escena de la exposición Roteiro que tuvo lugar en Madrid desde septiembre a noviembre 2019. Pero si perdiste la oportunidad de experimentar el humor y el genio de Francisco Leiro en esta muestra, tendrás más oportunidades de verlo tanto en el norte como en el sur de España este año. Hasta el 14 de marzo se puede disfrutar en la exposición Aquellos Ochenta’s de la galería Two Art en Murcia. Además, a finales del año, Leiro vuelve a su tierra natal de Cambados, Galicia. Su obra se celebrará en una exposición de manera muy esperada en la Sala de Exposiciones Pazo Torrado.

Creando vida con la madera

Volviendo a Madrid, la exposición Roteiro (la palabra viene de su lengua natal) ofrecía “un recorrido único a lo largo de su carrera”. Destacaba de dos formas, la escultura y el dibujo, que han marcado su vida como artista. Después de pasar por la ballena grande que se encontraba en la entrada del edificio, el recorrido, comisariado por María Toral, revelaba el humor y la creatividad de su creador. Una casita de madera escondía dentro dos hombres del mismo material, agazapados, que parecían estar mojados. Los tablones de madera en el suelo, por los cuales se entraba en la casita, daban la impresión de estar flotando sobre un cristal delicado, pero un movimiento sutil reveló que de hecho estaban flotando en una capa de agua superficial. 

La exposición Roteiro en La Tabacalera de Madrid
La exposición Roteiro en La Tabacalera de Madrid

Leiro no paraba de sorprender con su ingenuidad. Continuando con la visita, una sala apartada albergaba Branca das Neves, una caja blanca muy larga con tres círculos que dejaban vislumbrar lo que hay dentro de ella—un cadáver, también blanco, descansando eternamente en su ataúd grandioso. Al darnos la vuelta, nos encontrábamos con Once Lázaros a la altura de la vista. Cada escultura mostraba un Lázaro tamaño miniatura demostrando distintas maneras en las que la figura bíblica se podría haber escapado de la muerte. 

Once Lázaros
Once Lázaros

Las casi cien obras que se encuentran en esta exposición de Leiro nos podrían recordar su humor y su juego constante con lo convencional, lo cual se ve claramente en la sala de Caracteres. Pequeñas esculturas ocupaban una mesa larga, representando arquetipos, etiquetas que se ponen a las personas: una madre, un artista, etc. Pero, al estilo de Leiro, cada uno poseía un aspecto curioso, provocando la meditación sobre la forma humana.

En otra parte de la misma sala, figuras enormes se enfrentaban con sus gemelos miniaturas. Los caracteres de Leiro suelen ser curiosos y originales, pero siempre imitando lo humano, siempre invitando a una reflexión en torno a qué es y qué podría ser el acto de ser humano. El contraste de lo coloso con la miniatura era un ejemplo perfecto del estilo que Leiro implementa en su creación artística. 

No solo se trata de la escultura

Sus dibujos nos permiten tener una visión única del proceso artístico de Francisco Leiro. El primer paso antes de que sus esculturas cobren vida. También son muestras de su genio creativo. No solo sirven como puerta a la creación de una obra maestra, sino también como pequeñas obras en sí. 

Los dibujos que se exponían en Roteiro contrastaban mucho con sus esculturas. Eran pequeños y sutiles en vez de grandes y llamativos, bidimensionales en vez de tridimensionales, pero encajaban perfectamente con las obras enormes que ocupaban la mayoría del espacio en la exposición. Sus esquemas ofrecían un descanso agradecido de la fuerza inmensa de las estructuras de madera y piedra que llenaron las salas principales de la antigua fábrica de tabaco. 

La exposición Roteiro merecía su nombre: es un recorrido completo y complejo de más de veinte años de la vida y obra de su autor, y el espacio en el que tuvo lugar fue el entorno que merecían las grandes obras de Francisco Leiro. Ojalá que sus próximas muestras sean tan enriquecedoras.

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