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13 diciembre, 2019 Comentarios (0) Visitas: 391 Letras

Letras, música y vino con Eva Guillamón

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El miércoles 10 de diciembre, entre libros y vinos, Eva Guillamón (Albacete, 1978) presentó su poemario Quiero oírte decir mi nombre (La Lucerna, 2019) en la librería Tipos Infames de Madrid. Junto a Sonia Megías (Almansa, 1982), con quien forma el dúo musical y literario Dúa de Pel, nos ayudó a entender sus poemas con música y literatura.

 El sótano de la librería Tipos Infames de Madrid tiene el techo de cristal. Desde las sillas blancas se podían seguir los pasos de aquellos que curioseaban los libros de la superficie. Es una sala pequeña. Se llenó desde el principio, con todas las sillas ocupadas y varias personas de pie. Eva Guillamón y Sonia Megías se colocaron al frente entre hojas de papel e instrumentos musicales.

“Cada uno de los capítulos se abre con una selección de titulares de prensa. Para mí es importante porque escribo sobre lo que me pasa a mí, pero si eso le ocurre a más gente, eso se convierte en algo colectivo, es decir, en algo político”.

A Eva Guillamón le llevó tres años escribir su poemario Quiero oírte decir mi nombre. Todo empezó el 3 de marzo de 2016. “Me desperté con una pesadilla horrible. Había gritos, disparos, y la cabeza de una mujer morena llena de sangre”. Eva hablaba de pie, con su libro en la mano lleno de papelitos verdes que asomaban entre las hojas. “Desperté aterrada, no me atrevía a cerrar los ojos. Me senté y encendí el ordenador. Abrí una serie de periódicos y unas dos horas después, apareció la noticia de que habían asesinado a Berta Cáceres, una activista hondureña”. Eva no había oído hablar de ella, nunca había visto una foto suya. Aquella madrugada frente a la pantalla, volvió a sentir el frío que le había recorrido el cuerpo tras despertarse de la pesadilla. Berta Cáceres era la mujer de su sueño. Aquella madrugada, empezó a escribir.

Eva Guillamón y Sonia Megías en la librería Tipos Infames de Madrid

Unos meses antes, Eva Guillamón estuvo en El Salvador, donde presenció la violencia con la que se convive allí día a día. “A priori era una carta que yo le dedicaba a Berta Cáceres y a todas esas mujeres salvadoreñas que compartieron su realidad conmigo. Poco a poco esa carta se convirtió en una suerte de crónicas de esa parte del mundo tan mágica y tan devastada”. Entonces Eva abrió su libro por el capítulo cinco, Lo que no tiene nombre, y con las suaves notas del laúd y las manos de Sonia Megías, empezó a leer.

Al recital le siguió una canción de Dúa de Pel, Unamos nuestras voces, “Un himno a la paz”. Eva y Sonia la compusieron para la Federación Coral de Madrid.

Unamos nuestras voces en el canto.

Que suene el corazón.

Seamos viento.

Que el miedo no se instale en mi garganta

ni el grito nos encierre en el silencio.

(Fragmento de la canción Unamos nuestras voces)

 

Eva Guillamón habla de paz en sus poemas, no solo entre personas, también con la Tierra. “Desde aquel 2016 han pasado muchas cosas, pero lo que ya a esta altura de nuestra película es prácticamente imposible pasar por alto, es lo que le pasa a la propia Tierra”. Sonia y Eva compusieron en 2017 una cantata infantil, Somos naturaleza, que hablaba de una crisis que asolaba el planeta a raíz de los modos de sociedad y de consumo del momento. “A día de hoy la cosa sigue exactamente igual”.

Parece que ahora está de moda hablar sobre el clima y la ecología, pero Eva recordaba que ya han sido muchos los poetas que han escrito sobre el tema. Tras nombrar a Nicanor Parra y recitar su texto Artefactos ecológicos, Eva abrió su libro por el capítulo dos y comenzó a leer Lo pequeño.

Eva decidió incluir el poema Cuerpos porque Sonia se lo pidió. “Este poema llegó como una especie de exhalación después de que yo me leyera un libro fantástico que se llama Ser o no ser un cuerpo. En él, Santiago Alba Rico dice que los tres únicos lugares del planeta donde hoy por hoy un cuerpo solo es un cuerpo, son: un bosque, en medio del mar y un desierto”.

Después de invitar a Nicanor Parra a aquel sótano de vino y letra, Eva también se trajo consigo a Piedad Bonnett, una poeta colombiana que perdió a su hijo Daniel. Tras recitar el poema de Bonnett Las Cicatrices, Eva reflexionó: “¿Somos más lo que creemos que somos o somos más la estela de los que han sido antes que nosotras?”. Con este pensamiento en el aire comienzan a sonar las primeras notas de Sonia, y Eva la acompaña con su poema Los cinco.

“En el capítulo cuatro, el yo poético aterriza en el erotismo a través de otros cuerpos, de otros nombres”. Con esta presentación, Eva pasa a recitar La simpleza de querer.

 

No voy a arrancarme las flores del pecho

para ponerlas en tu nombre,

ni voy a sacar el hacha para talar los árboles

que regamos camino a casa

cuando el amor era cuestión de deslizarse sin miedo

porque al fondo estaba la cama.

Solo te voy a echar de menos.

 

El capítulo con el que Eva abre su libro se llama Los que no tienen nombre. En él, sus poemas hablan de quienes se ven obligados a huir de sus hogares, a malvivir en chabolas improvisadas, de quienes pierden su nombre y se convierten en números.

Debes volver a casa para morir a manos de tus bárbaros.

Aquí la democracia tiene un límite.

Aquí no hay lugar para tanta vida.

El sudor del espanto no es tolerable en tierra de la libertad,

Europa es hija de la guerra y no podemos exponer la paz

a la humedad de los cuerpos que llegan

a tierra fértil a bordo de cajas de fruta podrida.

(Eva Guillamón. Fragmento de La consagración de la primavera).

 

Eva termina su libro firmándolo con un poema que lleva su nombre.

Mi nombre minúsculo se encarga de cuidar de un gigante,

siempre haciendo equilibrios al filo de mi cuerpo,

intentando dar de sí la voluntad, deformarla hacia un nuevo amanecer.

Una nueva oportunidad para convencerme, de que esa soy yo.

(Fragmento del poema Eva)

El sótano de la librería Tipos Infames de Madrid es blanco, con cuadros en las paredes y luces tenues. Eva Guillamón y Sonia Megías se levantan. No pueden dejar de sonreír entre los aplausos del público. Poco a poco las sillas quedan vacías cuando la gente vuelve a la superficie con su poemario bajo el brazo.

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