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18 febrero, 2017 Comentarios (0) Visitas: 319 Escena, Letras

Enrique Jardiel Poncela, 65 años del adiós al dramaturgo más irónico

Con solo 50 años, el 18 de febrero de 1952 nos dejaba Enrique Jardiel Poncela. Arruinado, enfermo de cáncer e incluso olvidado, la figura de este escritor y dramaturgo madrileño ha ido ganando importancia con el paso del tiempo y se mantiene como uno de los principales autores del teatro del absurdo.

Enrique Jardiel Poncela

Enrique Jardiel Poncela

En el número 29 de la calle del Arco de Santa María, hoy llamada calle de Augusto Figueroa, nació Enrique Jardiel Poncela el 15 de octubre de 1901. Su padre, natural de Quinto (Zaragoza), era matemático, latinista y periodista, ya que colaboraba con La Correspondencia de España y demás diarios de la época. Su madre, que había nacido en Valladolid, era pintora y contó con el privilegio de convertirse en una de las primeras mujeres que pudo cursar estudios de Bellas Artes en Madrid a finales del siglo XIX.

Después de nacer Rosario, Angelina y Aurorita, Enrique fue el cuarto y último de los hijos de la pareja. Los cuatro niños fueron educados por su madre y crecieron en un ambiente plagado de libros, esculturas y pinturas.

Cuando contaba con cuatro años, Enrique comenzó a estudiar en la Institución Libre de Enseñanza. Más tarde, en 1908, continuó con su educación en la Sociedad Francesa, el entonces Liceo Francés. En aquella época, el niño sentía gran afición por los dibujos e ilustraciones. A los siete años iba al Museo del Prado con su madre, pero con tan solo nueve años ya acompañaba a su padre a la tribuna de prensa del Congreso de los Diputados.

A los diez años escribió su primer verso y a los once ya tenía terminada su primera novela, Monsalud de Brievas. Al llegar al bachillerato, Jardiel Poncela publicó sus primeros textos humorísticos en Páginas Calasancias, la revista escolar.

Su incursión en el periodismo

En 1919 se animó a escribir en los cafés de Madrid. Además, también se metió de lleno en el mundo del periodismo, pues realizó sus primeras colaboraciones, artículos y cuentos en periódicos como La Nueva Humanidad, La Correspondencia de España y Los Lunes de El Imparcial. En 1921 pasó a formar parte de la redacción de La Acción y, en 1922, de La Correspondencia de España.

En ese mismo año, Jardiel Poncela empezó a publicar en Buen Humor, revista fundamental en el nuevo humorismo literario español. Era tal su inspiración, que en esta misma época escribió numerosas obras de teatro. Justo en este momento es cuando conoció a Ramón Gómez de la Serna, que resultó ser una gran influencia para él, tanto a nivel personal como literario.

En la década de los veinte publicó dos novelas cortas: El hombre a quien amó Alejandra y El infierno. Dio rienda suelta a su carácter emprendedor y fundó La Novela Misteriosa, una publicación que solo contó con nueve números, pues desapareció debido a una huelga de Correos. En esta breve revista, Jardiel Poncela publicó sus “juguetes cómico-líricos”, pequeñas obras creadas por él mismo.

En febrero de 1927 escribió la obra de teatro Una noche de primavera sin sueño, que se representaría el 28 de mayo del próximo año en el Teatro Lara de Madrid. La obra, que resultó ser todo un éxito, fue la primera comedia representativa de su forma de hacer teatro y humor. En 1930 estrenó El cadáver del señor García, una de sus obras más aclamadas.

Las consecuencias de la Guerra Civil

Entre 1935 y 1936, Jardiel Poncela estrenó varias comedias como Un adulterio decente, Las cinco advertencias de Satanás y Morirse es un error, aunque el título de esta última sería cambiado posteriormente por Cuatro corazones con freno y marcha atrás.

El 16 de agosto de 1936 fue detenido y llevado a una checa, local que usaban los izquierdistas como cárceles. Por una denuncia anónima, se le acusaba de haber dado cobijo en su casa a Rafael Salazar Alonso, exministro de la Segunda República.

Como muchos escritores de la época, en 1937 emigró a Francia y después a Argentina, donde trabajó para el cine y la radio. Un año más tarde, en 1938, volvió a España y se estableció en San Sebastián hasta que finalizó la guerra.

Sin ninguna duda, su etapa más creativa y fructífera tuvo lugar a principios de la década de los cuarenta, cuando estrenó multitud de obras de teatro. El 14 de mayo de 1940 se representó por primera vez Eloísa está debajo de un almendro, su comedia más conocida. Obtuvo tal éxito, que tres años después se estrenó una película, que mantenía el título original de la obra, en la que aparecían Amparo Rivelles, Rafael Durán, Guadalupe Muñoz Sampedro y Juan Espantaleón, entre otros.

La decadencia de lo absurdo

Los republicanos exiliados y uruguayos contrarios al régimen franquista provocaron que Jardiel Poncela tuviera que suspender su gira por Latinoamérica. Este fracaso económico, al que se le unió la muerte de su padre ese mismo año, fue el principio del fin de uno de los dramaturgos más importantes de España. Aun así, continuó escribiendo.

Ganó el Premio Nacional de Teatro en 1946, pero esta alegría no le ayudó a sentirse mejor, pues a los dos fracasos anteriores, habría que añadirle un desengaño amoroso y el diagnóstico de un cáncer de laringe.

Sus mejores obras

Novelas

  • Amor se escribe sin hache (1928)
  • Espérame en Siberia, vida mía (1929)
  • Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? (1931)
  • La tournée de Dios (1932)

Teatro

A lo largo de su vida escribió más de 40 obras de teatro. Enumeramos las más exitosas:

  • Una noche de primavera sin sueño (1927)
  • Usted tiene ojos de mujer fatal (1932)
  • Un adulterio decente (1935)
  • Cuatro corazones con freno y marcha atrás (1936)
  • Un marido de ida y vuelta (1939)
  • Eloísa está debajo de un almendro (1940)
  • Los ladrones somos gente honrada (1940)
  • Blanca por fuera y Rosa por dentro (1943)
  • Las siete vidas del gato (1943)
  • El amor del gato y del perro (1945)
  • El sexo débil ha hecho gimnasia (1946)
  • Como mejor están las rubias es con patatas (1947)

Muchas son las frases célebres de Enrique Jardiel Poncela. El escritor, con un toque irónico y haciendo gala de un humor ácido, opinaba sobre el amor, el sexo, la vida y la muerte.

Enrique Jardiel Poncela

Enrique Jardiel Poncela

En la pobreza, acompañado de la enfermedad y la soledad, pues muchos de sus amigos lo habían abandonado, dejó este mundo con solo 50 años. Incluso en su tumba, uno puede comprobar su sentido del humor y, a la vez, su espíritu crítico, a través de un epitafio que reza: “Si queréis los mayores elogios, moríos”.

Tumba de Jardiel Poncela

Tumba de Jardiel Poncela

 

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