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22 diciembre, 2015 Comentarios (0) Visitas: 1521 Arte

El idealismo de Ingres visita el Museo del Prado

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La gran odalisca (1814)

Recordado por sus desnudos femeninos, empeñado en destacar como pintor de Historia y alabado por sus retratos, Ingres visita hasta el 27 de marzo el Museo del Prado. Las navidades son la excusa perfecta para visitar la exposición, que constituye la primera muestra monográfica del pintor en España.

La pintura de Jean-Auguste Ingres (1780-1867) ha sido un quebradero de cabeza a la hora de clasificar. Amante de la belleza clásica de Rafael y con una visión romántica e idealista, la suya es una pintura difícil de incluir en una única corriente artística y constituyó una propuesta independiente.

Discípulo de Jacques-Louis David, estudió en la academia de Beaux-Arts de Toulouse y pasó diez años en Italia, algo que influyó notoriamente en la monumentalidad de algunas de sus pinturas o en la plenitud de los modelos de sus retratos. Allí profundizó más sobre Rafael, al que luego homenajeó en algunos de sus cuadros de pintura religiosa como en Jesús entre los doctores, homenaje claro a la Escuela de Atenas del pintor italiano.

También en Italia, pintó por encargo algunas pinturas con influencia troubadour, que representaba historias en las que primaba más el carácter emocional que el histórico.

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Napoleón Bonaparte, primer Cónsul (1804)

En las primeras salas de la muestra se estudia la figura de Ingres como dibujante, y se aprecia su depurada y cuidada técnica. Muestra de su obsesión y perfeccionismo son los dibujos en los que se muestran las repeticiones y estudios del pintor sobre figuras particulares en sus cuadros, como por ejemplo, el estudio de Angélica, desnudo femenino parte de su obra Ruggiero libera a Angélica. Este cuadro ilustra también el gusto de Ingres por la temática greco-latina, plasmada en la sala Roma y los mitos.

Los primeros retratos realizados por el pintor francés por encargo también tienen un hueco en el comienzo de la muestra. “Siempre es así. Siempre tiene el deseo de todo y siempre lamenta lo que ha aceptado cuando se pone a ejecutarlo”, así se expresaba uno de los confidentes de Ingres sobre su descontento a la hora de pintar retratos, que se acabaron convirtiendo en algunos de los trabajos más celebrados de su carrera como el Napoleón Bonaparte, primer Cónsul.

A mitad de camino, en la exposición encontramos La gran odalisca, obra más reconocida de Ingres y primer desnudo despojado de justificaciones o cargas mitológicas. Pintado simplemente como la representación del placer y la sensualidad. Pocas veces ha salido la Odalisca del Louvre, por lo que es importante aprovechar esta muestra para ver de cerca el que es considerado el primer desnudo de la pintura moderna.

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La condesa de Haussonville (1845)

Los desnudos femeninos tienen su hueco en varias salas de la muestra como en la llamada Suntuosa Desnudez. Aquí encontramos Baño turco, pintura enmarcada en una figura ovalada que da la sensación al espectador de estar espiando la escena. Todas estas pinturas están rodeadas por un cierto halo de misterio y una gran carga erótica, obviando las normas académicas del desnudo y al contrario que sus representaciones del género masculino.

El recorrido por la obra de Ingres termina con sus últimos retratos, muchos de ellos de mujeres de la alta sociedad como La condesa de Haussonville. En estas últimas pinturas se puede observar el gusto por el detalle y la importancia que el pintor le daba al incipiente mundo de la moda, cuidando hasta el más mínimo aspecto de sus modelos.

La influencia de Ingres se extiende hasta hoy en día. Fue un pintor referente para los movimientos artísticos posteriores, y autores como Picasso bebieron de su pintura. También Man Ray con El violín de Ingres. Algunas de sus obras, como La gran odalisca, hasta se han utilizado para ilustrar campañas reivindicativas como una de Guerrilla Girls, en la que denunciaban la ausencia de artistas femeninas en los museos.

La pintura de Ingres, muchas veces incomprendida en su época, ocupa ahora un puesto ilustre en la Historia del Arte, y el Museo del Prado nos ofrece una oportunidad única para hacer un recorrido por la obra del pintor francés.

 

 

 

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