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Nuria Varela, cuando la ola se convierte en tsunami

15 noviembre, 2019 Comentarios (0) Visitas: 372 Letras

‘El director’ que nunca quiso serlo

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David Jiménez durante el coloquio.

Desgaste e ilusión. Pretérito y futuro. Lo veterano y lo fresco. Era la una de la tarde y ambos polos comenzaron a fusionarse en una de las aulas de la Facultad de Humanidades en la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Cuando David Jiménez (Barcelona, 1971) entró por la puerta trasera, un intenso aplauso desbordó la sala, procedente de un público que hoy ansía convertirse en él.

El exdirector del diario español El Mundo –ex desde mayo de 2016– ya no ejerce el periodismo. Sus últimas experiencias dentro de la profesión le quitaron las ganas. Pero no ha querido callarse el por qué. No solo ha dado una extensa explicación en su libro, El director, éxito de ventas este año, sino que también quiso hacerlo el pasado jueves, 7 de noviembre, en la conferencia que impartió ante medio centenar de alumnos de periodismo.

Fue Ignacio Blanco, profesor titular de periodismo, el encargado de presentar a Jiménez. Lo hizo con una nota, la misma que publicaría El Mundo cuando anunciara su contratación como director el 30 de abril de 2015. El periodista, que comenzó su andadura en el diario con solo 23 años, pasó de ser “el becario rebelde” a cubrir las principales revueltas y catástrofes que acontecían en Asia y Oriente Próximo gracias, precisamente, a una rebeldía. “Fui al despacho de Pedro J. Ramírez, director por aquel entonces, y le dije que yo tenía que ser corresponsal”, explicó. Y así fue como consiguió ejercer durante 15 años la que a su parecer es “la parte más romántica del periodismo”.

Pero entonces le nombraron director y pasó “al lado oscuro”. Jiménez pensaba que la suya era una profesión “que podía servir para cambiar las cosas”. Y sigue pensándolo, por eso decidió irse. Está orgulloso porque cree que durante 366 portadas mantuvo siempre su integridad. ¿Volvería a aceptar el puesto? Sí, lo haría. Ser director no era su trabajo ideal, pero en aquel momento su periódico le pidió ayuda y es “un hombre de palabra”. “Sí, volvería a hacerlo, aunque es algo que preferiría que no ocurriera. La vida del director de un periódico es un infierno, ahora vivo mucho mejor”, aseguró.

En su libro relata, sin escatimar detalles, las cloacas de aquel “lado oscuro” al que no soportó pertenecer. Cómo lo que parecía un reto ilusionante se convirtió en una batalla por la independencia del periódico frente a un poder político y económico decidido a controlarlo. El director ofrece un relato atípico sobre las rivalidades entre los personajes que habitan una redacción y el verdadero funcionamiento del juego de favores entre medios y poder. Desvela así los secretos inconfesables del periodismo y el precio que se ven obligados a pagar los que se niegan a participar en esa trama. Todo ello con protagonistas de la talla de presidentes, reyes, ministros, banqueros, capos del dinero, comisarios y periodistas de alto reconocimiento. En definitiva, un retrato personal de lo que se vive cuando se ocupa el despacho de uno de los grandes diarios del país.

“El libro fue tan incómodo que yo no conseguía disfrutar de su éxito”, se lamentó. En el proceso de escritura Jiménez tuvo que hacer “un importante esfuerzo de honestidad” porque no le gustaba contar ciertos aspectos, pero sentía que tenía que hacerlo. El periodista, ya con el cupo limitado de adversarios, descartó entre risas un futuro segundo libro. “Escribidlo vosotros, cabrones, yo ya tengo suficientes enemigos”, bromeó.

Sorprendió al público al revelar que había ido a recoger su título de periodista “hace tan solo unos meses”. “Pero, ¿no viene usted un poco tarde?”, le preguntaron sorprendidos en la Facultad. Jiménez explicó que fue cuando creía que lo merecía: “no había ido antes porque estaba tratando de ganármelo”. Aunque desgastado, sabe que hay esperanza en la profesión y así lo demostró en la sala ante un público tan desilusionado tras haber leído su libro como optimista tras escuchar sus palabras. El director está dedicado a vosotros, para que siempre tengáis en cuenta que hay que estar del lado de la gente: el nuestro es un oficio de servicio público”, subrayó.

Jiménez dejó claro que lo que necesita este país es un periódico libre, independiente: “Me pregunto constantemente por qué la prensa no se levanta para hacerse respetar. Por qué no da un paso atrás y sale del sistema, en lugar de formar parte de él y vivir de sus favores”. Admitió tener envidia de otros países, que gozan de medios de calidad, como BBC. “El papel de la prensa es vigilar, cuestionar y denunciar al poder”, recordó. Por si las moscas. Pero al exdirector de El mundo nunca se le ha olvidado. “No es tan difícil”, aseguró, antes de comenzar a firmar su libro para aquellos que esperan no tener que escribir nunca un libro así.

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