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Diez libros largos (y extraordinarios) para sobrellevar la cuarentena

23 marzo, 2020 Comentarios (0) Visitas: 717 Letras

El confinamiento: la madre de una invención

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El acta de nacimiento del relato más trascendental escrito en la lengua española comenzó a emitirse durante un encierro.

Ilustración del expresivo rostro del personaje literario de Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la mancha es un mito fundacional de la cultura occidental.

Cuando Miguel de Cervantes se dispuso a contar que en un lugar de la Mancha vivía un hidalgo caballero que se constituiría en figura neurálgica del imaginario literario universal y en un emblema del impulso idealista y luchador del ser humano, lo hizo acaso, entre muchas otras cosas porque se encontró en una coyuntura especial que propiciaba una pausa necesaria para la reconstrucción perspicaz y reflexiva del mundo variopinto que conoció gracias a sus múltiples andanzas.

Posteriormente —bajo condiciones de mayor libertad de movimiento—  a esto le seguiría el despliegue inevitable de su prodigioso oficio: pondría entonces manos a la obra y escribiría en papel la idea ya concretada.

Don Quijote de la Mancha se concibió durante un periodo en el que Cervantes estuvo encarcelado. Era el año 1597 y la Audiencia de Sevilla lo sometía bajo acusación de irregularidades en el manejo de unos fondos económicos a su cargo. La sentencia puso al inventor de la novela moderna en una celda: confinado. Esto fue lo que bastó para que se volviera a activar en él un deseo imperioso de crear.

Para muestra un prólogo

Miguel de Cervantes aprovecha el prólogo de su obra maestra como una carta directa a nosotros; nos llama sus »desocupados lectores» para advertirnos, de entrada, que la naturaleza de su Alonso Quijano fue engendrada en total semejanza con el espacio y la atmósfera que lo vieron nacer en el genio de su creador:

»Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?» 

Don Quijote y Sancho Panza cabalgan hacia los molinos de viento.
Los personajes de Don Quijote y Sancho Panza cabalgan hacia los molinos de viento.

Aunque se hacen evidentes las distancias que, por supuesto, se deben salvar, en el mejor de los casos estos tiempos que vivimos pueden ofrecer momentos parecidos de introspección, de descubrimientos inesperados, de germinación de ideas nuevas.

Si Virginia Woolf hizo apología de la habitación propia como recurso imprescindible para crear,  podría verse al confinamiento como un espacio coyuntural para la licencia de alumbrar inventos que sumen. En definitiva, El Quijote venció a los gigantes molinos de viento y lo hizo con la lanza eficaz del temerario ingenio.

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