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3 noviembre, 2018 Comentarios (0) Visitas: 132 Escena

El Cascanueces llega con fuerza al Teatro Real

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Alessandro Riga y Cristina Casas en El Cascanueces

Silencio, calma, expectación. Así se vivían los momentos previos a que el ballet de El Cascanueces abriese el telón y dejase que la magia irrumpiese con energía en el Teatro Real de Madrid. Silencio, calma y expectación, para dar lugar después a un mundo en el que la realidad y la fantasía se entremezclan como si nos hubiésemos quedado dormidos y la vida fuese a partir de entonces, un sueño. Haciéndonos transitar entre lo consciente y lo inconsciente, entre la infancia y la edad adulta.

Basado en el libreto de Marius Petipa e inspirado, a su vez, en el cuento de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, que fue adaptado por Alexandre Dumas; este ballet, estrenado en 1892 y llevado a cabo en esta ocasión por la Compañía Nacional de Danza, nos evoca un universo de posibilidades infinitas, en las que el espectador se pierde durante sus casi tres horas de duración. Con unos escenarios y una puesta en escena que encienden la ilusión de los allí presentes, nos invaden las ganas de volver a vivir como niños.

La orquesta sinfónica, que interpreta la pieza del compositor ruso Piots Ilich Chaikovski, nos lleva, como si de un río se tratase, a recorrer embelesados las notas por las que las coreografías se alzan imponentes, bajo la dirección de José Carlos Martínez. La elegancia y la delicadeza de los bailarines nos deja presente esa delgada linea entre lo real y lo efímero que, con la tierna emoción infantil, nos invitan a creer.

El vestuario, de la mano de Iñaki Cobos, no hace sino darle más brío a la ya de por sí majestuosidad de los movimientos y, aunque la obra en un primer momento tarda en arrancar, cuando lo hace sólo es capaz de ir hacia arriba, generando más silencio, más expectación y, por supuesto, aplausos.

La Compañía Nacional de Danza nos acerca, de esta manera, a uno de los clásicos más consagrados de la historia del ballet, El Cascanueces; que en un total de seis funciones, siendo la última el 10 de noviembre, seguirá dejando sin respiración al Teatro Real.

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