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17 diciembre, 2015 Comentarios (0) Visitas: 1991 Escena

El ballet vuelve por la puerta grande a la CND gracias a ‘Don Quijote’

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Jesús Vallinas

Jesús Vallinas

25 años han tenido que pasar para que la Compañía Nacional de Danza (CND) estrene un ballet clásico completo. 25 años en los que el ballet se había visto obligado al ostracismo. Un destierro provocado por el cambio en la dirección de la CND. Allá por 1990 la genuina y mítica Maya Plisetskaya luchaba por dirigir el Ballet del Teatro Lírico Nacional, como se llamaba la compañía por aquel entonces, y fue la encargada de poner en escena La Fille Mal Gardée, el último ballet de tres actos de la formación. Con el cambio en la dirección, Nacho Duato decidió dar un giro de 180 grados en el rumbo de la formación y durante décadas mandó al exilio todo rastro de ballet clásico que pudiera encontrarse en la compañía.

Y ha sido José Carlos Martínez el encargado de traer de vuelta, por fin, el ballet más clásico al repertorio de la CND. Y con qué mejor ejemplo que el Don Quijote que estrenó el pasado 16 de diciembre la Compañía Nacional de Danza en el Teatro de la Zarzuela. Desde 2011 el objetivo de Martínez ha sido conseguir un cuerpo de baile sólido y homogéneo, algo que se ve claramente reflejado en esta producción. Este Quijote está lejos de ser un ballet donde solo brillan Quiteria y Basilio mientras que el resto de personajes pasan totalmente desapercibidos, algo que sí sucede en la mayoría de las versiones. Se trata más bien de una pieza coral, donde el cuerpo de baile y los secundarios tienen un gran peso, pero ello tampoco implica que Quiteria y Basilio se vean eclipsados, ni por asomo. Puede ser que este sea el Don Quijote más español que se haya coreografiado, sin tanto ornamento, ni tópicos (ello no quita que sigan apareciendo, toreros, abanicos y volantes, muchos volantes), pero con una sencillez y temperamento abrumadores.

Algo verdaderamente sorprendente de esta producción es la calidad del cuerpo de baile masculino, con una técnica muy sólida y muy bien interiorizado el carácter. Un poco más irregular fue el cuerpo de baile femenino que en algunos pasajes del tercer acto daba la sensación de que faltaron un par de días de ensayo, aunque en la escena de las dríadas hicieron un papel más que decente. Además, aunque las variaciones de las amigas de Quiteria durante el paso a dos del tercer acto sean algo que tiene esta producción con otras versiones, son un tanto inapropiadas, ya que ralentizan ese paso a dos tan eléctrico y le quitan tensión.

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Jesús Vallinas

Por otra parte, José Carlos Martínez en esta versión ha querido presentar a los secundarios (Sancho Panza, Camacho…) desde una perspectiva diferente a la que nos tenían acostumbrados, convirtiendo papeles que normalmente son caricaturiquescos, en algunos de los personajes más ovacionados de la noche. El claro ejemplo de ello fue Jesús Florencio que estuvo brillante en el papel de Sancho.

Por su parte, Antonio de Rosa, en el papel de Camacho, demostró que es un bailarín contemporáneo muy versátil, ya que también se atrevió con un manége de saltos de lo más clásico mientras que en más de una ocasión su torso parecía más propio de una pieza contemporánea.

Y es que este Don Quijote es, sobre todo, el paradigma de compañía que quería Martínez, una que fuera capaz de bailar un Lago una noche y un Kilian a la siguiente. La representación de todo los estilos que se manejan en la CND, el clásico y el contemporáneo (muy presente en la escena de los gitanos) e incluso hay hueco para el clásico español con un magnífico fandango, en el tercer acto, coreografiado por Mayte Chico, que arrancó algún que otro «Olé» al público.

Joaquín de Luz como Basilio - Jesús Vallinas

Joaquín de Luz como Basilio – Jesús Vallinas

Por lo que respecta al vestuario se ha de decir que ni de lejos parecían los típicos trajes rancios y casposos que suelen utilizarse para Don Quijote. Sí había volantes, bordados, trajes de luces y mucho colorido, pero nada hortera, de líneas sencillas, pero realmente bonito. Con relación a la escenografía, se debe decir que va en la misma línea que el vestuario, sencillo limpio, pero elaborado. Es muy impactante la escena de la lucha de Don Quijote contra el molino, un molino que se mueve a lo largo de todo el escenario. Una secuencia tremendamente visual e emocionante que enlaza a un paso a dos con Dulcinea. Un dúo que sirve como engarce con la escena de las dríadas, con una transición en la que la aparición de las ninfas es sencillamente espectacular.

En los papeles de Mercedes y Espada estuvieron Aída Badía y Esteban Berlanga. Ambos estuvieron muy bien compenetrados y demostraron tener una gran presencia escénica y entereza en sus diferentes apariciones a lo largo de la obra. Badía fue una Mercedes muy sexy y juguetona, y Berlanga un Espada acorde con ella.

Pero los grandes protagonistas de la velada fueron la estrella invitada Joaquín de Luz y la coreana YaeGee Park. Ambos hicieron las delicias del público con sus interpretaciones de Basilio y Quiteria, respectivamente. Basilio es un personaje hecho a la medida de De Luz, un bailarín virtuoso, con carácter, pero elegante. Que embelesaba al público con solo un movimiento de cabeza. Un Joaquín de Luz que estuvo espléndido en todas sus variaciones, siendo tal vez la más llamativa, por lo original, la del segundo acto, aunque sus piruetas à la seconde de la coda del tercer acto también fueron memorables.

Por su parte, YaeGee Park fue el gran descubrimiento de la noche. Pese a que ya ha protagonizado varias piezas en la CND, Park todavía es bailarina solista, una bailarina solista que sorprendió al público y se lo metió en el bolsillo casi desde el principio. Park fue in crescendo según pasaban los minutos, haciendo una realmente bonita y limpia variación del segundo acto, y llegando a desempeñar un excelente papel en el paso a dos y su variación del tercero. Con unos arabesques a noventa grados con los que parecía volar y unos fouettés y diagonales de giros que no parecían tener fin.

Y es que después de haber visto este Don Quijote, uno se pregunta qué pacto con el diablo ha firmado José Carlos Martínez para que desde el estreno de su primer programa el 18 de enero de 2012 en el Teatro de la Zarzuela, puramente contemporáneo, en tan solo cuatro años haya convertido a la CND en una compañía moderna y versátil, capaz de defender admirablemente un clásico como Don Quijote. Una compañía que esperemos siga creciendo y progresando bajo la dirección de José Carlos Martínez, dándole al ballet en España el espacio que merece.

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