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21 noviembre, 2013 Comentarios (0) Visitas: 1060 Letras

Unas vienen y otras van

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Doris Lessing

Doris Lessing

Doris Lessing. O Doris May Tayler. O Jane Somers. Nació en 1919, en Persia. O Irán. De ahí a Rodesia. O Zimbaue. De ahí al matrimonio, a otro matrimonio y a una huida a Londres para no desperdiciar su talento dedicándose exclusivamente a la maternidad en un continente con muchos prejuicios. En la capital inglesa vivió hasta el momento de su muerte, el pasado 17 de noviembre. Pero fue en África donde pasó la mayor parte de su infancia y juventud, estudiando en un colegio de monjas y bajo el autoritarismo de una madre que hacía lo que podía por vivir una fantasía tratando de ocultar la verdadera situación económica de la familia.

Catalogada en muchas ocasiones, no sin razón, como una escritora feminista, Doris Lessing intentó huir de esa etiqueta. Se consideraba a sí misma una escritora que hablaba de personas, de problemas, de sentimientos, de conflictos. Una causa en la que fue más activa fue la de la discriminación racial. El ambiente segregacionista que conoció en el sur de África la llevó a alzar su voz en contra del apartheid. Canta la hierba, publicado en el año 1950, es uno de los legados con los que la escritora contribuyó a esa lucha y, además, sirvió para cimentar su carrera.

El éxito definitivo se haría esperar un poco más. Fue en el año 1962 cuando publicó su obra más laureada, El cuaderno dorado. Este libro es el responsable, en parte, de que Lessing sea recordada como un importante eslabón de la lucha feminista. Para entonces, la escritora ya había abandonado otra batalla igualmente intensa en su vida: la comunista. Feroz militante en su juventud, abandonó esta ideología al quedar profundamente desencantada con el rumbo que había tomado la Rusia estalinista.

El premio Nobel

Su premio Nobel, en 2007, fue uno de los más comentados. Desde la mordacidad de Harold Bloom a las alabanzas de Cristopher Hitchens pasando por la sorpresa de Umberto Eco, su premio echó leña a un debate lejano: las mujeres y el Nobel. La homenajeada de este año, la canadiense Alice Munro, ha sido la última, por ahora, en sorprenderse de que, en más de un siglo de historia, el premio solo haya ido a parar en trece ocasiones, contándola a ella, a las letras femeninas.

“Un ama de casa encuentra tiempo para escribir relatos”. La frase con que The Vancouver Sun tituló, en 1961, el primer reportaje sobre Munro, en aquel entonces joven promesa de las letras canadienses, parecía más una sorpresa que un titular. Ni se mencionaban los talentos de una escritora que, poco a poco, iba ganando prominencia en el círculo literario de Canadá ni se destacaban las características de su prosa. El hecho de ser ama de casa y escritora ya era bastante llamativo. O, al menos, así lo consideraron en The Vancover Sun.

Este año, la escritora canadiense no irá a recoger el Nobel a Suecia el próximo diez de diciembre por problemas de salud. Ochenta y dos años, ya se sabe. Se pierde así una ceremonia en la que dan la bienvenida a un nuevo miembro al prestigioso club de la Historia (con mayúscula) de la Literatura. Una élite de la que forman parte otras doce mujeres, de una de las cuales toca ahora despedirse.

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