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14 junio, 2019 Comentarios (0) Visitas: 1424 Arte, Entrevistas

Delfín Rodríguez: «Piranesi fue un poeta de los sueños arquitectónicos»

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Piranesi (Venecia, 1720 – Roma, 1778) nació en una época en la que, para desgracia de su mente creativa, no había cabida para su pasión, la arquitectura. En Roma, la ciudad de su vida, no se construía, no había presupuesto, ni políticas urbanísticas, solo le quedaba soñar e imaginar. A veces, utopías; otras, pesadillas. Fue un erudito multidisciplinar que abogó por la conservación del patrimonio y la difusión de la grandeza de las antiguas ciudades, una actividad a la que se encomendó por medio de sus célebres grabados. El 7 de mayo, la Biblioteca Nacional abrió al público la exposición sobre este maestro veneciano, comisariada por Delfín Rodríguez Ruiz, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid.

Cultura Joven: ¿Quién es Giovanni Battista Piranesi?

Delfín Rodríguez: Fue el gran notario de Roma, de la magnificencia de la antigua y la moderna. Supuso una revolución en la forma de representar, de una manera emocionada, y, a veces, trágica y dramática, la memoria del pasado, para que no se perdiese nunca el recuerdo de la grandeza de la arquitectura romana. En una línea, un poeta de los sueños arquitectónicos.

C.J.: De entre los muchos títulos que se le acreditan (arquitecto, arqueólogo, investigador, grabador), ¿con cuál deberíamos quedarnos?

D.R.: Fundamentalmente, con el de grabador. Su obra más famosa es la serie de las vistas de Roma, que recorre toda la exposición, una especie de autobiografía de su propio desarrollo como grabador al agua fuerte, derogando la manera de mirar Roma frente a los tópicos iconográficos y arquetípicos del Renacimiento y el Barroco. Él cambia la forma de mirar, la convierte en oblicua, baja a las profundidades de la ciudad para mirar hacia arriba o viceversa. La representación es dramática, heroica y hasta terrible. Todos los viajeros del Grand Tour [un itinerario popular entre los jóvenes europeos, con cierto nivel adquisitivo, durante los siglos XVIII-XIX que consistía en un viaje formativo e intelectual por Francia e Italia], polacos, británicos, alemanes o franceses, demandaban su obra. Era un arquitecto, pero, sobre todo, un artista. Por ello, comienza a grabar sueños, imágenes, lo que no puede construir. Aparece el muro de la pesadilla de sus cárceles, proyectos de restitución de la Roma antigua, él se pregunta cómo era a partir de sus ruinas.

C.J.: ¿Hay poesía en las ruinas?

D.R.: Constantemente. La ruina tiene varios niveles de lectura. Por un lado, es testimonio del estado de un edificio en un momento determinado. Pero Piranesi lo cambia de escala, así le añade un valor añadido que lo hace mucho más magnificente, con lo cual, el pasado se convierte en un sueño. Esta es la tragedia de la memoria de la ruina, se carga de poesía, nostalgia y melancolía. Lo hace más evidente con una técnica prodigiosa al agua fuerte, después de Rembrant, fue el gran maestro en este arte.

C.J.: Aldous Huxley escribió sobre él, Balzac se inspiró en su obra y hasta Martin Scorsese en Shutter Island (2009) parece influido por sus cárceles. ¿Hasta dónde llega el alcance de su legado?

D.R.: Recorre todos los territorios. En el ámbito fotográfico, son tantos los que han repetido sus encuadres y realizado series basadas en él. Los arquitectos, en el proyecto, en los sueños y las utopías; pero también la pesadilla y lo horrendo. En la música, el violonchelista Yo-Yo Ma puso música a las Carceri (del italiano, ‘cárceles’) con las suites de Bach, ¿a qué suenan esos lugares de tortura? Fueron muchos los historiadores e intelectuales que discutieron qué compositor romántico era el idóneo. En la literatura, Marguerite Yourcenar escribió sobre su «mente negra»; también Jorge Luis Borges. Su obra supuso una premonición, anunciaba la modernidad en todos los sentidos, muchos creían que estaba loco.

C.J.: La serie de las Carceri es una de sus obras más comentadas, de hecho, la exposición cuenta con una sala dedicada a sus grabados. Desde un plano filosófico, ¿qué simbolizan?

D.R.: Es un tema muy complicado. En primer lugar, los espacios de las cárceles son inverosímiles, no se pueden recorrer. A menudo, las galerías y las escaleras dan a un muro, no hay salvación posible, no hay salida al sufrimiento y al dolor. Una denuncia política al castigo, propia del pensamiento jurídico de la Ilustración. Casi todas están en lugares profundos, enterradas; sin embargo, arriba, a través de claraboyas enrejadas, se ve la gran ciudad y los edificios donde se desarrolla la vida normal. Para que sea posible la vida triunfante es necesaria la existencia del sufrimiento de una vida sin salida. Por ello, esta serie no gustó en el siglo XVIII, la más exitosa fue la de las vistas de Roma.

C.J.: ¿Cómo influyó su obra en el arte de siglos posteriores?

D.R.: En el Romanticismo, Victor Hugo escribió sobre las Carceri, hablaba de ese personaje casi loco que era Piranesi, soñó espacios imposibles de restituir y recorrer, eran dramáticos, terribles y laberínticos, como la vida del hombre. Por un lado, estaba la Roma del triunfo; y, por otro, el lado oscuro de las cosas. Representa el siglo XVIII, la razón y la sensibilidad que va a dar paso al Romanticismo. Por eso, los intelectuales y poetas, desde Edgar Allan Poe hasta Baudelaire, hacen una lectura poética de su obra, aunque él no la plantea de esa manera. Por tanto, la difusión durante el siglo XIX es extraordinaria. A principios del siglo XX son los arquitectos los que recuperan su creación, se ofrecen reflexiones tipológicas, compositivas e insólitas.

Influyó en las corrientes artísticas. La planta de Il Campo Marzio dell’Antica Roma (1762), que puede encontrarse en la exposición, se convirtió en la obsesión de teóricos del siglo XX, como los arquitectos del constructivismo soviético, sus cárceles sedujeron a Eisenstein por los encuadres insólitos. Llegan las vanguardias, la arquitectura posmoderna y mútiples figuras se inspiran en él: Peter Eisenman, Arata Isozaki o Rafael Moneo, un apasionado de su obra. Su influencia fue extraordinaria.

C.J.: ¿Qué podrán encontrar los visitantes en la exposición de la BNE?

D.R.: Un recorrido por su obra completa, incluyendo su juventud y sus años de formación.

C.J.: Sorprende la cantidad de colecciones de su producción artística que se guardan en España.

D.R.: Principalmente es consecuencia de los viajeros del Grand Tour y de los regalos diplomáticos. Piranesi solía hacer regalos a los embajadores de las cortes europeas. Por otro lado, los príncipes romanos obsequiaban sus obras a otros monarcas europeos, nobles o académicos, ya que era el más célebre de los grabadores romanos. Se produce una gran circulación, en gran parte, gracias a los viajeros del Grand Tour. Su obra era difundida y la demanda crecía. Al final de su vida, era rico.

C.J.: ¿Cómo ha logrado recopilar tantas de sus obras la Biblioteca Nacional?

D.R.: La BNE guarda 2.400 estampas, algunas sueltas y otras encuadernadas, pero la exposición representa todas sus obras, buena parte de ellas son procedentes de la Biblioteca Real, que contaba con un gran fondo de su creación. Esto es debido a que reyes como Carlos III, Carlos IV y Fernando VII encargaban a sus embajadores en Roma que trajesen sus obras.

C.J.: ¿Qué diferencia esta exposición de otras realizadas con anterioridad?

D.R.: No es una exposición más sobre él, porque se han hecho muchas en todo el mundo. En el siglo XX, Enrique Lafuente Ferrari catalogó las estampas de Piranesi, hizo un primer catálogo de su fondo en la Biblioteca Nacional. Sin embargo, ese libro pasó completamente desapercibido. De tal forma que, en las siguientes exposiciones, nunca se menciona esta colección, no pertenecía al circuito internacional de la circulación de obras de Piranesi. Puesto que el año que viene se cumple el tricentenario, era la oportunidad de sacar esta colección a la luz.

C.J.: ¿Cuál es la joya de la muestra?

D.R.: De entre todas las obras, la serie Vedute di Roma (1748-1778), las vistas de la ciudad, que recorren como compañeras toda su vida, un proyecto en proceso e inacabado. Pero también la restitución de Il Campo Marzio, del que solo había fragmentos y que él reconstruye, una ciudad perfecta que no deja lugar a la vida, ruedas de reloj suizo perfectamente encajadas, como una premonición.

C.J.: ¿Por qué debe interesar Piranesi al gran público?

D.R.: En primer lugar, por la altísima calidad del grabado a agua fuerte de sus obras. Segundo, por el riquísimo repertorio iconográfico, de motivos y temas, muchos desaparecidos, de la Roma antigua y moderna. Tercero, por sus sueños imaginarios, obras no construidas, simplemente proyectadas en su mente. Cuarto, abre el mundo de las pesadillas, de los sueños, del dolor y del sufrimiento con la serie de las cárceles. También porque convirtió su actividad de artista, arquitecto y arqueólogo en una actividad comercial. Empresario, artista, arquitecto, teórico, erudito, una mente desbocada con un carácter muy fuerte. En su tumba colocaron un candelabro, como autorretrato. Sin embargo, cuando su hijo se marchó a París, lo retiraron y encargaron una escultura a un artista neoclásico. Desde entonces, creo que Piranesi no descansa en su tumba, quiso tener sobre él su poética.

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