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24 marzo, 2013 Comentarios (0) Visitas: 2260 Arte

Decálogo de arte de Zumaia

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Zumaia, un pequeño pueblo de la costa gipuzcoana es uno de esos tesoros casi inexplorados de los que los habitantes del mismo nos sentimos orgullosos. Precioso en su forma, rico en su expresión, variopinto en sus habitantes y mucho arte. Sí, mucho arte en un pueblo de 9.000 habitantes. Todo es posible. No solo en cuanto a arquitectura se refiere sino, también, a esculturas que se encuentran dispersas en diferentes puntos del pueblo.
Decálogo de un pueblo pesquero esperando a su Santo volver:
1) Parroquia de San Pedro: una de las parroquias de la ciudad se levanta sobre un pequeño montículo en la desembocadura del río Urola. Un edificio románico que, la historia dice, comenzó a construirse una vez la villa fue constituida como tal en 1347 y finalizada en el siglo XVI. Las diferentes partes que la compone se fueron construyendo a medida que pasaba el tiempo, de modo que los primeros cuerpos y fuertes son de 1350 (aproximadamente), la parte superior de la torre dataría del siglo XV y el presbiterio, el coro y las capillas laterales finalizadas en el siglo XVI y fundadas por varias familias adineradas de la localidad. Cabe destacar el contraste de fuera y dentro. Por fuera tiene un estilo sobrio, casi de muralla. El interior es un espacio gótico de nave. 
Elkarrizketa
2) Elkarrizketa (diálogo): esta escultura está en el parque de Gernika, paseo neurálgico por el que todo zumaiarra pasa y que une el pueblo con el polígono.  Se trata de siete esculturas realizadas en zinc que representan a siete personas conversando. Y lo de siete no es casual sino meditado, representan a las 7 provincias que culturalmente forman Euskadi. El creador de esta polémica escultura (el pueblo estuvo dividido en si era propicio tener una escultura que trate tal tema presidiendo el parque) es Iñaki Olazabal, quien vendió la obra al municipio.
  
3) Retablo de Juan de Antxieta: es una de las obras más importantes que guarda la parroquia, que no la única. Juan de Antxieta esculpió un retablo para San Pedro con las normas formales y clásicas de la época románica que son el carácter monumental de las figuras humanas y gestos de energía de los rostros, todo ello siguiendo el ejemplo del manierismo de Miguel Ángel.
4) Convento de San José: Francisca Labayen cedió su casa-torre en 1609 fundando así uno de los primeros conventos de carmelitas de Euskadi siguiendo con las reformas de Santa Teresa. Este edificio muestra la sobriedad por la que abogaba la reforma. Los elementos más llamativos y que aportan monumentalidad al edificio fueron añadidos a principios del siglo XX.
En el interior se encuentra un Cristo crucificado que se cree es de la escuela romanista de finales del siglo XVI y principios del XVII esculpido por uno de los pupilos de Juan de Antxieta. Aunque no se sabe con completa seguridad, podría pertenecer a Larrea.
5) Ermita de San Telmo: probablemente uno de los lugares más bonitos para observar el mar y la montaña del pueblo. A mano derecha la playa de Itzurun con sus acantilados, a mano izquierda Algorri y la inmensidad del mar mires a donde mires. La ermita en particular no tiene un estilo definido, tan solo juega a arriesgar su vida con el precipicio. En el interior permanece un retablo del siglo XVIII de estilo rococó. 
6) Andra Mari de Arritokieta: es la ermita culto a la Virgen  patrona de la localidad. Junto al cementerio, guarda la talla de la Virgen datada en el siglo XVI y protegida por un retablo del siglo XVII.
7) Ermita de Santiago y Museo Zuloaga: el famoso pintor adquirió la ermita para crear su propio estudio y su colección. Él mismo reconstruyó el edificio dejando reminiscencias de lo que era la hospedería y el oratorio de aquel barco que esperaban los viajeros para cruzar al otro lado de la bahía del Urola.
Sobre el altar mayor colocó un cristo esculpido por su amigo Julio Beobide y una dolorosa de Quintín de la Torre en uno de los laterales y frente a ella un retablo datado en el siglo XV con escenas de la vida de la Virgen.
Podemos distinguir dos partes en el edificio: por un lado, la parte dedicada a la obra de Ignacio Zuloaga y por otra, la colección que él poseía. Obras del gótico, El Greco, Zurbarán, la escuela de Goya e incluso dos esculturas de Rodin son algunas de las piezas que se pueden observar. Además, personajes ilustres como Valle-Inclán, Pío Baroja, Juan Belmonte, Ortega y Gasset o Unamuno se reunían en su casa. zuloaga casa
8) Barca sobre césped: siendo parte de un proyecto alternativo («Divergentes») que se llevó a cabo en Zumaia, cruzando la carretera de la casa de Igacio Zuloaga, en el césped colocaron una barca. Debería haberse ido cuando el festival hubiera terminado pero encallando en el lodo, durante años no tuvo movimiento pero cual “Piratas del Caribe” un día desapareció en busca de la «perla negra». Una barca en un césped que da la bienvenida a los visitantes destinado a Zumaia desde Getaria. Ironía a todo poder con esta pieza que muestra de manera sin igual el espíritu del pueblo: el mar y la montaña.
9) Museo Beobide: museo del escultor Julio Beobide cuya visita requiere cita previa. beobide
10) San Juan Iturria y el Palacio Olazabal (fuente de San Juan): san Juan de Olazabal era el secretario en la corte de Felipe IV y Contador General de la Inquisición. Es una casa solar del siglo XVI con unos balcones de hierro forjado de la planta doble con los escudos de la familia. A su lado se encuentra la fuente de San Juan, muy reconocida en Zumaia por arderse la mayor hoguera en su noche homónima.
Y como pequeño regalo para todos aquellos a los que les gusta la arquitectura de época, tenemos en el pueblo un castillo llamado Foronda. Es un edificio de carácter ecléctico que fue construido para el Marqués de Foronda como casa de verano. Su arquitecto, Juan José Gurrutxaga, oriundo de Eibar, también edificó el Palacio de Justicia de Donosti.
Pese a que esto no es todo lo que se puede encontrar en Zumaia, puede que sirva de decálogo de un pueblo de pasado pescador que espera como agua de mayo la llegada de sus fiestas principales después de Semana Santa. De modo que si alguien está en busca de un destino cercano esta localidad le acogería con los brazos abiertos. Y de fiesta.
No olviden traer un paraguas sea cual sea la estación del año ya que a pesar de que el tiempo está mejorando nunca se sabe cuando puede caer un chaparrón al más puro estilo vasco. Terminar la visita con paraguas y en la playa de Itzurun observando los millones de años de Historia que las rocas cuentan podría ser un bonito final para una escapada de fin de semana.
     
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