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27 diciembre, 2019 Comentarios (0) Visitas: 503 Arte

Ceija Stojka, la angustia plasmada en el lienzo

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Cuadro 'Sin título', de Ceija Stojka

31 de marzo de 1943. Una alambrada de espinas. Una niña de diez años es deportada a Auschwitz, para más adelante sobrevivir a otros dos campos de confinamiento: Ravensbrück y Bergen-Belsen. Una identificación sellada en la piel, Z6399.

La inexistencia del nombre se transforma en un sistema de marcaje hacia los prisioneros. Z de zigeuner. Término alemán que significa gitano. Un genocidio olvidado, el del porrajnos o la persecución de la comunidad romaní por parte de la Alemania nazi en los años treinta y cuarenta del siglo veinte. El medio para revivirlo: las pinturas de Ceija Stojka.

La pintura como arma de lucha


En 1945, Stojka fue liberada por el ejército británico. Calló ante el episodio vivido. Hasta que a finales de los ochenta la angustia fue liberada en forma de catarsis. Primero, con la publicación de sus memorias, Vivimos en secreto. Recuerdos de una gitana romaní. Después, los dibujos y cuadros se convirtieron en el arma de lucha para plasmar el trauma vivido durante aquellos dos años.

“En aquella sociedad nos habían prohibido todo, menos morir. Y en nuestras manos estaba qué hacer con aquel pedacito de vida, si queríamos morir o si preferíamos luchar”, escribió Stojka en su libro ¿Sueño que vivo?: Una niña gitana en Bergen-Belsen.

Y eso mismo hizo, luchar contra los demonios del pasado. Romper su silencio y manifestar la experiencia traumática de la que ella y el pueblo romaní fueron partícipes. De una manera autodidacta, la artista reconstruyó distintas situaciones de su vida hasta que falleció en el 2013.

Cuadro 'Detrás de la alambrada de Auschwitz, había mucho miedo', de Ceija Stojka
‘Detrás de la alambrada de Auschwitz, había mucho miedo’, Ceija Stojka

Para no olvidar

Bajo el título Esto ha pasado, el Museo Reina Sofía acoge la primera muestra en nuestro país dedicada a la artista austriaca. La retrospectiva, compuesta por ciento cuarenta obras, se podrá ver hasta el 23 de marzo de 2020 en la tercera planta del Edificio Sabatini.

Perros, penumbras y esvásticas comparten espacio junto a carruajes, flores y hortalizas. Las obras, divididas cronológicamente, reflejan la infancia desgarrada de la noche a la mañana. De vender caballos a una existencia esclavizada y tortuosa.

La vivencia en los campos de concentración adopta una perspectiva infantil. Como si Stojka se pusiera en su piel cuarenta años atrás. Escenas angustiosas. Un primer plano sobredimensionado, varios conjuntos de botas militares de los SS caminan hacia los espectadores y la imagen torna monstruosa. Como si fuesen a salir de la creación. Los prisioneros, por su parte, son retratados con pinceladas rápidas y sin contorno definido, en esa pérdida de identidad al entrar al campo de concentración.

Cuadro 'Sin título', de Ceija Stojka
‘Sin título’, Ceija Stojka

El gran ojo, figura recurrente en sus cuadros, evoca la amenaza del vigilante. En el blanco de la pupila, uno puede adentrarse en el horror. Las chimeneas, las espinas y los cuervos vaticinan el peor de los augurios. Un presagio al que Stojka sobrevivió. De un clan de doscientos miembros, solo Celia, su madre y cuatro de sus cinco hermanos se salvaron del exterminio.

Cada producto artístico de la pintora integra un breve texto, que revuelve las tripas mientras muestra los episodios más terribles de su infancia. Stojka incorpora la figura del testigo para poder comprender de primera mano los sucesos acontecidos.

La naturaleza como símbolo de esperanza, en concreto el girasol, es otro icono recurrente en su pintura. Firma con una rama todas sus obras, pues sobrevivió en Bergen-Belsen a base de savia de plantas y árboles.

Sin contar con nociones de Bellas Artes, la muestra de Stojka comparte espacio con cuadros de Juan Gris o Joan Miró. Aunque la autora tardó años en gritar, el clamor permanece hasta nuestros días consiguiendo recuperar la memoria de la etnia romaní perseguida.

Cuadro 'Ravensbrück', de Ceija Stojka
‘Ravensbrück’, Ceija Stojka
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