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7 marzo, 2017 Comentarios (0) Visitas: 1437 Cine y Televisión

Burgos, tierras del Cid, ¿y si el cine lo inventó un monje burgalés?

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Cuando el autobús entra por la A1, atravesando la provincia de Burgos de norte a sur, se puede apreciar una vieja y oxidada señal en la que reza Burgos, Cabeza de Castilla, tierras del Cid. Pero, ¿y si Burgos, además de ser cuna de la lengua castellana y del Cid Campeador, fuera también origen del cine tal y como lo conocemos hoy en día? Existe la teoría de que el monje burgalés Mariano Díez Tobar fue el artífice del séptimo arte. 

Señal de la provincia de Burgos

Señal de la provincia de Burgos

A sus casi ochenta años, Raúl Gómez sigue siendo un hombre con estilo, diferente a los demás señores de su edad. Es habitual verle por la calle pasear mientras luce un bombín, una pajarita, un lazo o, incluso, una capa parda castellana. Orgulloso de sus profundas raíces burgalesas, es un gran estudioso del arte, la cultura y la historia de la provincia. También es artista. Y decorador. Con paso seguro, entra por la puerta del bar Avenida, ubicado en pleno centro de Miranda de Ebro, ciudad del norte de la provincia. Todo el que entra en el bar se queda fascinado admirando el mural de la pared. Pero él no, él no mira el mural, entra como si nada. No le sorprende ver esa pintura allí. ¿Cómo le va a sorprender si él es el autor, si hace cincuenta años que con sus propias manos creó esa obra de arte?

La obra de Raúl Gómez

La obra de Raúl Gómez

En esta ocasión lleva en la mano una carpeta que contiene dos cuadros pintados por él mismo. “Son para una exposición que voy a hacer el año que viene”, me explica mientras se quita su gabardina. Está pasando frío, se le nota en la cara. Pide un café para calentarse, pero el camarero va a tardar un rato en servírnoslo en la mesa. Mientras estamos esperando, mi curiosidad se desborda y no aguanto más, necesito saber. Cuando le pregunto por el origen del cine, sus ojos se iluminan y, extasiado, me afirma con total seguridad: “el cine no es francés, lo inventamos nosotros”.

Tenemos que remontarnos a hace mucho, mucho tiempo. En una familia humilde y numerosa, labradora por oficio, un 21 de mayo de 1868 la pareja formada por Alejo Díez Tobar y Petra Tobar y Tobar daba la bienvenida al mundo a Mariano Díez Tobar en Tardajos, a tan solo diez kilómetros de la capital burgalesa. Según se ha podido saber por documentación que se conserva de aquella época, el cura don Pablo Marín bautizó al niño tres días después de su nacimiento.

Muy pronto, el pequeño Mariano aprendió a leer y escribir en la escuela del pueblo. Cuando tenía diez años, sus padres lo enviaron a estudiar a Las Quintanillas. En esta decisión mucho tuvo que ver su maestro, que vio en el niño un gran potencial y les recomendó a sus padres este cambio de escuela. En 1882, el joven Mariano se desplazó al Seminario-Colegio de Sigüenza y, tras superar las dificultades de acomodación, fue destinado a Madrid, donde ingresó en la Congregación en julio de 1883.

Durante estos años de estudio, Díez Tobar siempre demostró sentir mucha predilección por las ciencias físicas y las matemáticas. Por aquel entonces, no había suficiente personal formado que se encargase de transmitir estas materias, así que algunos jóvenes debían ejercer de profesores. Tal sucedió a Díez Tobar que, en agosto de 1890, fue destinado al Colegio de Murguía (Álava).

Mariano Díez Tobar, el posible creador del cine

Mariano Díez Tobar, el posible creador del cine

Erudición polivalente

Una vez en tierras alavesas, el diaconado lo recibirá en 1891, sin embargo, será un año después cuando se sumerja en el sacerdocio. Aun así, el de Tardajos seguía formándose y continuaba nutriendo sus ganas de aprender. Tantos y tan extraordinarios eran sus conocimientos en las ciencias positivas, que los profesores de los institutos en los que se examinaban sus alumnos le admiraban e incluso le consultaban dudas. Sus reflexiones, basadas en profundos conocimientos, eran escuchadas con el mayor de los intereses. “Tenía al menos tres carreras, era inteligentísimo”, asegura Gómez.

Como publicó Diario de Burgos, se han podido conocer opiniones de los compañeros de aquella etapa de Díez Tobar. “He conocido pocas sabidurías tan hondas, eruditas y completas como la suya, enciclopédicas si las hay. La tenía muy sistematizada, pero su sistema era un poco caótico y confuso. Lo que él mostraba principalmente era una erudición en las variadas disciplinas, antiguas y modernas; vivía al día en la filosofía y en las ciencias positivas y, sin embargo, poseía una erudición clásica como la de un sabio del Renacimiento. La historia griega, alejandrina y bizantina de la ciencia la poseía como no se encuentra más que en algún sabio alemán”, le halagó uno de sus colegas.

No fue solo el cine, no

Además de estar en Murguía, también pasó años meses en un colegio de Villafranca del Bierzo (León). Allí, llegó a inventar y desarrollar el icocinéfono, es decir, la aplicación del fonógrafo al cinematógrafo. Aun así, sus avances no se quedaron ahí. También creó la autofonográfica, una máquina compuesta por dos elementos: uno para diferenciar los sonidos emitidos por la voz y otro para dejarlos por escrito.

También pensó en la gastronomía y los placeres culinarios. El vino se echaba a perder por las materias que la atmósfera posa en él, así que inventó un mecanismo que evitara que la cuba quedara en ningún momento sin vino cuando se terminaba. En Murguía consiguió que un reloj de pared funcionase al darle cuerda con la energía de su propia voz, con la voz del profesor transmitiendo los conocimientos a sus alumnos. El iconotelescopio también fue obra de él. Este aparato de complicado nombre tenía como función resolver el problema de ver las imágenes a distancia.

A pesar de ser todo un virtuoso y un adelantado a su tiempo, sus ganas por estudiar e inventar no siempre le beneficiaban. Incluso tuvo que defenderse de graves acusaciones por herejía; decían de él que leía “libros condenados”.

Tiempo después, el monje comenzó a ofrecer conferencias por San Sebastián. Fueron muchas y muy variadas, sin embargo a finales de siglo, cuando aún era estudiante de Teología, impartió una conferencia que acarreó tal importancia que incluso la revista El Mundo Científico se hizo eco de ella en la década de los noventa al publicar lo siguiente:

«El conferenciante autoriza, con absoluto desinterés, a cualquiera de los asistentes (o lectores) para que lleve a la práctica cualquiera de las ideas o conceptos que se encuentren nuevos en sus conferencias. De una de ellas ha salido el cinematógrafo, según consta en testimonios fehacientes, como son los siguientes: el ingeniero francés A. F asistió, en 1889, a la conferencia del P. Mariano Díez sobre El cinematógrafo e inmediatamente, con anuencia del conferenciante, mandó construir en París el aparato. Lumière fue el que hizo las películas; Demeny con Pathé sólo fueron nuevos constructores; Marey fue el primero que se aprovechó de la idea y la aplicó al estudio cinematográfico del vuelo de las aves. De donde resulta que la cuna de El cinematógrafo no es ni Francia ni los Estados Unidos, sino España”.

Entre ese mismo año y el siguiente, la ciudad de Bilbao presenció el encuentro entre Mariano Díez y A. Flemereau, representante de los Lumière y encargado de explotar en España el negocio de la fotografía. En esa reunión hablaron sobre lo que en aquel entonces constituía el problema industrial de la fotografía, de las fabulosas ganancias que había de acrecentar la fortuna de los explotadores. Conversaron sobre la sucesión de fotografías, no con movimiento continuo sino con intermitencias o intervalos de reposo, para que, aprovechando la inercia de la retina, quedase tiempo para sucederse unas a otras y producir así la ilusión del movimiento.

Somos Vicencianos, la red de formación Vicenciana, ha publicado varios artículos en su web mencionando la importancia de Mariano Díez en la creación del cine. En uno de estos textos se puede leer que, a través de varias investigaciones, se ha podido descubrir que el Padre Díez Tobar entregó sus apuntes al francés. “No hay más testimonios que el reconocimiento y gratitud que más tarde demostró el mismo Lumière, invitando al Padre Díez a la primera sesión de cine que dio en España. Parece que sus apuntes los entregó al francés y de ellos nunca más se supo”, recoge dicha web.

Si resultara que este monje burgalés es el verdadero creador del cine, ¿por qué no se ahonda en esta hipótesis? ¿Por qué es tan desconocido que el origen de una de nuestras principales fuentes culturales pueda ser español? El artista Raúl Gómez ha pasado gran parte de su vida investigando sobre esta cuestión y, aun así, todavía no ha confirmado cuáles han podido ser los motivos de esta falta de atención. Sin embargo, cree que el pertenecer a una orden religiosa ha podido perjudicarle ya que “siempre ha habido reminiscencias, sobre todo antes, quizá no estaba bien visto que un religioso inventase el cine”. “Hace muchos años, unos quince por lo menos, nuestro paisano Ernesto Sáenz de Buruaga ofreció aquí una conferencia. En aquel entonces yo le di una carpeta con toda esta documentación porque él no sabía nada y se quedó admirado”, asevera el artista, que recalca que lo principal es ayudar a difundir la labor realizada por este monje. “El folclore está bien, informar sobre el corpus, Las Marzas y demás tradiciones y costumbres, pero es necesario conocer estas facetas e inventos”, añade.

¿Quién no recuerda haber sido niño y haber comido un chupa chups o haber jugado tardes enteras a los divertidos futbolines? ¿Y qué persona no tiene en su casa una fregona? Tanto los chupa chups, como los futbolines y la fregona, objetos cotidianos y conocidos por todo el mundo, son inventos españoles. Pero, ¿y si vamos más allá? ¿Y si el cine, el también llamado séptimo arte, fuera un invento español? Han pasado tantos años, y la documentación es tan escasa, que no podemos saber qué aconteció. Desafortunadamente, la vida no es El ministerio del tiempo, no disponemos de una patrulla, ni de puertas que nos permitan hacer viajes al pasado, ni, sobre todo, conocer a grandes figuras de aquellos tiempos que nos relaten cómo era vivir.

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