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18 enero, 2017 Comentarios (0) Visitas: 330

Visita al Museo del Prado

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Museo del Prado

Visitamos el Museo del Prado, frente a la Iglesia de los Jerónimos, de la mano de María Fernández-Shaw, profesora de Historia del Arte, para poder apreciar conceptos básicos del mundo del arte.

Día 1.

A través de obras figurativas de los distintos estilos, contemplamos la evolución de la técnica:

El recorrido comienza en el arte románico, en la capilla de la iglesia de Vera Cruz de Segovia. Se trata de un arte al servicio de la religión, en el que se empieza a investigar cómo se pintan las cosas. La pintura resulta abstracta en función de los conceptos, es decir, debido a que los albañiles se encargaban de la decoración de la arquitectura las figuras carecían de volumen y perspectiva. Debido a que los autores de dichas pinturas no trabajan como artistas, Fernández-Shaw nos plantea una cuestión: ¿Se considera arte? Hay que pensar que, por ejemplo, Miguel Ángel, nunca pintaba fuera de un encargo.

Próxima parada: El estilo gótico. En La virgen de los Reyes Católicos, no existe proporción, pero sí volumen. El cuadro es realista por el detalle y la individualización, al contrario que en el arte románico.

Por último, nos detenemos en El descendimiento de la cruz de Rogier van der Weyden. La obra supone un cambio crucial, ya que la composición está dotada de gran realismo. Weyden introduce la utilización al óleo y en 20-25 años, casi todos los pintores cambiaron de técnica.

Día 2.

Empezamos con el manierismo de la mano de El Greco, deteniéndonos ante Cristo abrazado a la cruz. Observamos la figura alargada, los colores ácidos y brillantes, la representación teatral de la escena… Sin embargo, El Greco no es manierista en las composiciones, ya que estas son equilibradas. Es más, mantiene características bizantinas. Por otro lado, recordamos la clara influencia de Tiziano sobre el artista: el uso de pocos colores pero muchos tonos.

Proseguimos la visita con Velázquez, y no podemos evitar quedar absortos en la magia que desprende Las meninas. Aquí hacemos una larga parada para analizar cada uno de los detalles y averiguar quién es cada personaje, o qué secretos guarda una composición que no deja de resultar misteriosa.

Aprendemos a distinguir también dos estilos claros en el pintor: uno de colores oscuros y otro mucho más vivaz, inspirado por Rubens.

Y terminamos con Goya, quizá el punto fuerte de la tarde. Nada más entrar a la sala de las Pinturas negras, el macho cabrío de El aquelarre nos invita a participar en la oscura ceremonia. Para sorpresa de todo aquel que lo desconoce, Fernández-Shaw nos cuenta que estos cuadros no formaban parte de un lienzo, sino de una pared, ya que, probablemente, el artista los pintó para sí mismo. Pero antes de irnos nos situamos ante Saturno devorando a su hijo, quizá el más siniestro de todos. Caben aquí varias interpretaciones, no obstante, una de ellas cobra especial sentido, y es que se trata de una representación de la enfermedad que atormentaba al artista y que terminó por llevárselo.

Tras dos días que nos han sabido a poco, una cosa está clara: las clases de arte, mejor en un museo.

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